Su historia, departir la vida entre El Salvador, Montreal, Lausana, París y Nueva York, no sólo trazó un mapa, sino una sensibilidad. Ferrufino mira la forma como quien mira a un ser humano: con respeto, con atención, con la certeza de que toda creación lleva algo vivido adentro.

Su trabajo, ya sea un frasco, un labial o la identidad visual de una marca, no busca deslumbrar: busca conectar. Hay en cada pieza un gesto contenido que no pretende imponerse, pero que permanece. Una especie de claridad emocional que se percibe incluso antes de analizar la estética.

Author: Claudia Valdez

El Silencio que Diseña: La Visión de Ferrufino

Hoy, como director de Diseño Industrial y Packaging en Baron & Baron, Ferrufino da forma a universos que millones de personas tocan sin pensar en quién los creó. Trabaja para casas como NARS, Zara, Rose Inc. o Trussardi, y sin embargo su aproximación sigue siendo íntima. Diseña como quien escucha primero y responde después.

Lo que distingue a Ferrufino no es sólo la precisión técnica, que la tiene, sino la manera en que entiende que un objeto, por pequeño que sea, forma parte de la vida de alguien. Esa conciencia cambia todo: desde la intención con la que toma un lápiz hasta la última decisión sobre una curva o un acabado.

Ferrufino es un diseñador que no busca protagonismo.
Busca verdad. Y tal vez por eso su trabajo se queda: porque no exige atención, la merece.
Porque no grita, pero tiene algo que decir.
Porque no se posiciona desde el ego, sino desde la humanidad. En un mundo saturado de formas, él trabaja para crear las que realmente significan algo.

En esta conversación, Ferrufino abre la puerta a aquello que normalmente permanece detrás del proceso: la memoria que guía una idea, la intuición que define una forma, la paciencia que requiere un objeto bien hecho y la conciencia de que todo diseño, por pequeño que sea, ocupa un lugar real en la vida de alguien.

Lo que sigue es un retrato desde adentro: una mirada a la persona detrás de la precisión.

José Ferrufino para Topics That Transform

La belleza como medida del tiempo

TTT: La memoria parece tener textura. ¿Qué tan consciente eres de lo que se adhiere a la materia cuando diseñas?

J.F: Cuando diseño, ya sea un labial, un frasco de perfume, una colección cosmética, mobiliario o incluso un escaparate, intento situarme en la mente de la persona que lo verá, lo tomará o lo usará. Me interesa entender qué podría sentir en ese primer contacto.

Todo lo que somos, lo que amamos, lo que rechazamos, lo que buscamos, proviene de nuestro recorrido personal. Por eso imagino los orígenes y trayectorias de quienes se encontrarán con el objeto: quiénes fueron, qué los formó y en qué punto de su vida están hoy, para comprender mejor qué podrían desear.

Cuando diseño un frasco o un cosmético, pienso en la memoria que su acabado, su forma y su presencia pueden construir en quien lo usa.

TTT: Tu historia personal recorre varios países y etapas. ¿Cómo siguen moldeando esos orígenes tu manera de ver la belleza y el diseño?

J.F: Nací en El Salvador, crecí en Montreal, estudié en Suiza y llevo catorce años viviendo en Nueva York. Ese recorrido vive en mi trabajo: está construido sobre resiliencia y pasión, sobre una mezcla constante entre lo clásico y lo nuevo, entre la precisión y la evolución permanente.

Encuentro belleza en ese conjunto diverso de influencias. Me resultan auténticas, y moldean de manera profunda la forma en que creo.

(Courtesy of José Ferrufino)
(Courtesy of José Ferrufino)

TTT: Hay una belleza contenida y silenciosa en tu trabajo. ¿Qué te atrae del gesto mínimo, de la quietud, de la forma que no necesita explicarse?

J.F: La industria de la belleza avanza con un ritmo incesante: nuevas marcas, productos y colecciones que aparecen constantemente. Ese escenario puede sentirse ruidoso y abrumador. Mi trabajo busca lo contrario: destilar la esencia de una marca hasta su forma más clara e inconfundible.

Un objeto no debería sentirse complejo. Cuando la forma es mínima y la función es precisa, el diseño se vuelve legible al instante, casi familiar, como si siempre hubiera pertenecido a la mano que lo sostiene. Esa claridad permite que el público reconozca el lenguaje visual de la marca y entre en él con naturalidad.

La simplicidad crea espacio para la conexión. El verdadero lujo vive en los rituales cotidianos: en el momento íntimo en que un objeto deja de ser un producto para convertirse en parte de la vida. Cuando un diseño tiene esa presencia tranquila y segura, se integra sin esfuerzo. Así, un buen packaging pasa de ser admirado a ser atesorado.

TTT: Tus objetos parecen adquirir presencia, no solo función. ¿Cómo reconoces el momento en que un diseño deja de ser correcto y empieza a sentirse vivo?

J.F: Ese reconocimiento se forma con años de práctica: crear, descartar, comparar y volver a crear. Ese ciclo afina la intuición. Es el momento en que una idea empieza a tomar dirección real.

Trabajo con innumerables bocetos y modelos, y luego depuro con rigor hasta quedarme con lo esencial. Lo que sobrevive es un conjunto condensado de posibilidades donde belleza y función mantienen una tensión sutil. Esas son las formas que generan alegría, incluso un afecto difícil de explicar.

Si puedo alejarme del objeto y, al regresar, todavía tiene presencia, sé que ha cruzado ese umbral. Desde ahí ajusto acabado, color y detalle hasta que responden exactamente a la intención. Y en el plano práctico, el tiempo, el presupuesto y las capacidades técnicas señalan cuándo la pieza está lista para existir.

(Courtesy of José Ferrufino)
(Courtesy of José Ferrufino)

TTT: Has colaborado con casas que construyen deseo, pero tu obra se siente hecha para perdurar. ¿Qué diferencia a un objeto que conmueve de uno que solo deslumbra?

J.F: La diferencia es la misma que existe entre una tendencia y una convicción.

Las casas de lujo con las que trabajo no persiguen la novedad por sí misma; se sostienen en valores atemporales y una identidad sólida. Cuando diseño para ellas, comienzo desde esos valores. Esa raíz es lo que le da longevidad a un objeto.

Los objetos que conmueven están hechos para durar. Se integran a los rituales, pertenecen a la vida cotidiana. Esa es la diferencia entre algo diseñado para ser reemplazado y algo concebido para renacer en nuevas ediciones, variaciones o colaboraciones. Cuando un cosmético o un perfume se siente atemporal, demuestra su valor.

TTT: Baron & Baron tiene un lenguaje preciso y exigente. ¿Cómo equilibras estructura y alma dentro de ese marco?

J.F: Mi tiempo en Baron & Baron me ha enseñado que belleza y precisión son inseparables. La belleza tiene códigos; la precisión es la herramienta que permite ejecutarlos con integridad.

Antes de dibujar, nos aseguramos de comprender la identidad esencial del cliente. Ese entendimiento establece la base estratégica y orienta todo el proyecto. A partir de ahí, el resultado siempre es una combinación entre visión creativa y realidad: proveedores, tiempos, ingeniería, presupuestos. La precisión es indispensable para que una idea tome forma. Una idea hermosa sin precisión sigue siendo un sueño; una ejecución precisa sin creatividad es solo un objeto. El diseño vive en la unión de ambas.

TTT: Has mencionado que el diseño puede ser una práctica espiritual. ¿Cómo se manifiesta esa dimensión en tu proceso?

J.F: Creo profundamente que el diseño, sobre todo en su etapa contemplativa, puede ser una práctica espiritual. Esa quietud es necesaria para el tipo de trabajo que hago. En un mundo saturado de imágenes, conceptos y ruido digital, el verdadero lujo exige introspección. Me doy tiempo para escuchar mis pensamientos, deseos y referencias. Desde el primer boceto hasta la investigación profunda, esa inmersión es casi meditativa: un ritual que permite que las ideas emerjan con autenticidad.

(Courtesy of José Ferrufino)

TTT: Te mueves con naturalidad entre disciplinas, materiales y escalas. ¿Qué hilo invisible une todo lo que creas?

J.F: El hilo constante es el deseo de crear algo que resuene emocionalmente. Sin importar la categoría, busco que cada objeto evoque una respuesta verdadera. Doy enorme importancia a la fase de exploración. Es ahí donde comienza a formarse ese hilo: en comprender a la audiencia, a la marca, al entorno y a los cambios de la industria. Es un periodo de escucha y adaptación en el que la intención empieza a tomar forma.

TTT: En un mundo saturado de objetos, ¿cómo se construye algo que realmente deja una huella en quien lo toca?

J.F: Me concentro en diseñar objetos que cuentan una historia.
Observo con atención a quiénes están destinados. Cuando dejo de lado mi ego, permito que las habilidades adquiridas a lo largo de los años den forma a esa historia con claridad y honestidad. Creo que ese gesto llega al usuario y crea una memoria compartida entre quien diseña y quién sostiene el objeto.

TTT: Después de tantos años diseñando para casas de lujo, ¿qué te sigue moviendo a crear? ¿Qué buscas ahora que antes no buscabas?

J.F: El diseño es un desafío continuo sin una respuesta final.
La industria evoluciona rápido, y muchas veces siento que cada proyecto es un experimento para lo que vendrá después.

Amo lo que hago. Encuentro inspiración en mis interacciones humanas, en la luz, la arquitectura, las historias, el arte, la comida y hasta en el plato donde se sirve. Todo eso forma una biblioteca inconsciente de la que tomo sin darme cuenta.

Dibujo cada día las ideas que aparecen. Dibujar aún se siente como jugar de niño, y tengo la fortuna de poder llamarlo trabajo. Ver mis diseños en tiendas alrededor del mundo, o encontrar a alguien usando un objeto que creé sin saber que tiene un autor, me da una satisfacción profunda. Y cada vez más, me mueve el deseo de inspirar: a mi equipo, a estudiantes, a colegas, a cualquier persona que cruce mi camino. Ya sea a través del diseño, la enseñanza o simplemente compartiendo mi historia, esa chispa es algo que quiero seguir alimentando.