En una industria donde la nostalgia también se convierte en lenguaje cultural, los años ochenta vuelven a ocupar un lugar central. Lo vemos en las pasarelas, en el regreso de los rizos voluminosos, en la mezcla audaz de colores en el maquillaje y en un apetito colectivo por recuperar esa energía sin concesiones que definió a toda una generación. Y pocas producciones han tenido un impacto tan profundo en esta conversación como Stranger Things.
Más que una serie de ficción, Stranger Things funcionó como un archivo emocional de la década. Un puente entre memoria y presente que introdujo a una nueva generación una estética sin miedo al exceso; donde el cabello era gesto, identidad y narrativa. Cada look construyó personajes, pero también abrió una conversación cultural más amplia. La del revival ochentero como símbolo de libertad estética y expresión personal.
Author: aNDREA BAU
Stranger Things y el cabello como archivo cultural

Desde su estreno, Stranger Things hizo algo más que contar una historia repleta de suspenso y grandes canciones; también reactivó una esencia generacional. Los años ochenta regresaron como código emocional. Y en un momento donde el clean look se posiciona como el peinado más elegante, la rebeldía ochentera volvió a colocar al cabello en el centro del lenguaje visual. Rizos rebeldes, capas visibles, textura que simplemente no pide permiso.
En la serie, el cabello no acompaña a los personajes. Los define. Nancy Wheeler pasa de ondas contenidas a rizos más amplios y seguros, reflejando su transición de adolescente cautelosa a mujer firme y determinada. Su volumen crece al mismo ritmo que su voz. Por otro lado, en Steve Harrington, el icónico copete sucio y perfectamente imperfecto se convierte en símbolo de carisma, vulnerabilidad y una masculinidad distinta para la época. Un look que desarma estereotipos y se vuelve culturalmente inolvidable.
En Stranger Things, el cabello es archivo, es memoria. Un lenguaje que no se peina para gustar, sino para resistir. Porque en un mundo donde la música y todo aquello que nos define es lo único capaz de salvarte del Upside Down, la identidad se convierte en refugio.
“En Stranger Things, el cabello es archivo; es memoria. Un lenguaje que no se peina para gustar, sino para resistir.”
Sarah Hindsgaul y la arquitectura emocional del cabello

Como en toda gran historia, siempre hay una mente maestra. En el universo de Stranger Things, esa figura es Sarah Hindsgaul. Jefa del departamento de cabello durante las cinco temporadas de la serie. Su trabajo dio forma a una estética que no solo acompañó a los personajes, sino que los sostuvo emocionalmente.
Su carrera ha estado marcada por utilizar el cabello como herramienta narrativa. No se trata solo de peinar, sino de entender época, psicología y movimiento. De traducir guiones en textura, volumen y forma. Una experiencia afinada a lo largo de años dentro de una de las producciones más influyentes de la última década; y que hoy le permite pensar el cabello desde un lugar más íntimo, funcional y profundamente contemporáneo.
“No se trata solo de peinar, sino de entender época, psicología y movimiento. De traducir guiones en textura, volumen y forma.”

Del exceso ochentero a una nueva idea de simplicidad
Con el cierre de la serie, Hindsgaul también cierra un ciclo personal y se prepara para lanzar Hindsgaul Hair en 2026, una marca que se mueve en dirección opuesta a los códigos que la hicieron reconocible. Envases minimalistas en amarillo y una propuesta enfocada en un cabello natural, suave y sin esfuerzo aparente.
Y es que, en un mercado saturado de marcas impulsadas por celebridades, su propuesta destaca por venir desde el set. Desde la experiencia técnica y cultural de alguien que entiende cómo el cabello se mueve en la pantalla, pero también en la vida real.
Cierre editorial
El legado de Stranger Things no termina con su último episodio. Permanece en la forma en que entendemos la belleza como expresión cultural. Sarah Hindsgaul encarna esa transición con claridad: del exceso ochentero como declaración visual a una simplicidad contemporánea. Un recorrido que demuestra que la nostalgia no es un destino, sino un punto de partida para reimaginar cómo queremos habitar la belleza hoy.
