La industria de la belleza está acostumbrada a hablar de innovación. Nuevas fórmulas, nuevos ingredientes, nuevas marcas. Todo tiene que ser original, como si todo empezara desde cero. Pero hay proyectos que no nacen de la necesidad de crear algo nuevo, sino de reconocer lo que ya existía y no estaba siendo nombrado. Cidra pertenece a ese lugar.

Uno en donde la narrativa del orgullo latinoamericano no se reduce a una tendencia, en donde los ingredientes no se utilizan como discurso vacío y en donde el vínculo más poderoso trasciende la capa más superficial de una marca para construirse desde algo más íntimo: la familia.

En exclusiva para Topics That Transform, Catalina y Camila, hermanas y fundadoras de Cidra, platican sobre la construcción de una marca que nace desde lo personal, pero que busca expandirse hacia algo más amplio. Una conversación sobre herencia, valor familiar y lo que implica crear belleza desde América Latina.

Author: aNDREA BAU

Antes de ser Cidra

Catalina y Camila no hablan de Cidra como un negocio. Es, más bien, una extensión natural de lo que han vivido siempre. Juntas forman la tercera generación dentro de una familia profundamente arraigada en la industria cosmética. Crecieron rodeadas de fórmulas, ingredientes y procesos, en un entorno en el que aprendieron a mirar —y a admirar— la belleza. “Era más que un interés; era nuestro universo, algo hacia lo que gravitábamos de forma natural”, comparten.

Quizá esa sea la razón por la cual fundar Cidra no nace de la intención de sumar algo más a la industria, sino de algo mucho más específico: no verse reflejadas en la conversación de la belleza contemporánea. “El mundo no necesitaba más ruido, ya había suficiente”, explican. “Personas como nosotras no estaban siendo parte de la conversación. Esa ausencia nos dio claridad. Lo que antes era solo una pasión compartida empezó a tomar forma como un propósito. Fue ahí cuando la historia dejó de ser solo un recuerdo y se convirtió en una visión que valía la pena construir”.

Camila y Catalina, fundadoras de Cidra beauty marca latina en proceso de creación de producto

Cuando la belleza también se hereda

Su historia no nace por casualidad. Es su historia familiar la que verdaderamente le da significado. Porque lo que hoy construyen Catalina y Camila no empieza con ellas, viene de antes. “Cidra lleva una parte de nuestro corazón en su nombre”, comparten. Es un homenaje a su abuela, la mujer que inició este camino dentro de la cosmética para la familia, y cuya presencia sigue marcando lo que la marca es hoy.

En medio de esa historia, la figura de su padre aparece como un punto clave. “No hay Cidra sin él”, comparten. Y es que su presencia no solo forma parte del proceso, es el eje que atraviesa cada fórmula, cada decisión y cada producto. Así, Cidra se convierte no solo en una marca, sino en un legado.

Empaque de Cidra beauty marca latina reflejando identidad y minimalismo

América Latina como contexto, no como discurso

Si Cidra nace del legado, es en su origen donde todo empieza a tomar forma. Porque hablar de Cidra también es hablar de América Latina. No como una categoría, sino como un punto de origen.

“Somos latinas, nacimos y crecimos en Colombia. No es una estrategia, es simplemente quienes somos”, explican, dejando claro que su identidad no responde a una construcción de marca, sino a algo mucho más esencial. “Nunca sentimos la necesidad de forzar nuestro lugar. Sabíamos que nuestra comunidad existía y que nos encontraríamos de forma natural”, añaden. Más que posicionarse, Cidra se reconoce —y con orgullo— como una marca latina.

Esa identidad no se queda en el discurso. Se traduce en la forma en la que construyen la marca: en las decisiones que toman, los procesos e ingredientes que eligen y los vínculos que priorizan. “Trabajamos con una red de más de 700 familias en la Amazonía colombiana y brasileña. A través de su cuidado de la tierra, no solo preservan el bosque, también lo restauran”, explican.

Ingredientes como el cupuaçu dejan de leerse como tendencia para entenderse desde su verdadero valor. “Que las personas entiendan su importancia, y la de proteger los ecosistemas de donde provienen”, añaden. Y es ahí donde la responsabilidad deja de ser un concepto para convertirse en algo mucho más concreto. La sostenibilidad deja de ser un valor agregado y se convierte en una práctica constante. Una que no se comunica, se ejerce.

El balm como punto de partida

Cidra no se presenta con una línea de maquillaje tradicional. Se presenta a partir de un solo producto: un balm para labios. “Era el producto que siempre llevaba conmigo, todos los días, en cualquier momento”, comparte Camila. Lo que podría parecer una elección simple, en realidad responde a algo mucho más claro: empezar desde lo esencial, desde el gesto más básico del cuidado. “Si es algo que yo necesito y amo, seguramente otras personas también”, añade. Más que construir desde una oportunidad de mercado, el punto de partida fue personal.

Pero hacer de eso un producto no fue tan simple. “Tuvimos que investigar, formular y probar. Probar, probar y volver a probar”, dice sobre la creación de una fórmula que no respondiera a una tendencia, sino a un estándar propio. No bastaba con que fuera “clean”, tenía que funcionar. Ingredientes de origen amazónico, conocidos por su capacidad de hidratación y reparación, forman parte de una fórmula que busca equilibrio entre cuidado y resultado.

Esa misma lógica también define su gama de tonos. No nacen desde una corriente estética, sino desde un gesto cultural. “Quería hablarle a mi gente, a quienes muchas veces no se sentían representadas”, explica. El resultado es una gama pensada para distintos matices de piel, en donde el color no busca cubrir, sino acompañar.

Cidra no intenta encajar dentro de la industria, se construye desde otro lugar. Desde la memoria, sí, pero también desde la decisión de no traducirse. En el centro, dos hermanas latinoamericanas que entienden la belleza como algo que se hereda, se cuestiona y se redefine al mismo tiempo. Y como consecuencia, un producto que no busca ser más, sino ser suficiente.

“Porque no se trata solo de belleza, se trata de las historias que transforman la manera en la que la entendemos.” — Andrea Bau.