Hay historias que se cuentan con palabras, y otras que se construyen con aroma. Caroline’s Four Hundred, la fragancia creada por el perfumista mexicano Carlos Huber para el St. Regis, pertenece a esa segunda categoría. Un relato que revive, pétalo a pétalo, la elegancia de otro tiempo.

En una exclusiva conversación con Topics That Transform, Huber comparte el proceso detrás de este perfume. Un homenaje que fusiona historia, memoria y arquitectura; y reflexiona sobre lo que significa construir belleza desde la autenticidad.

Author: aNDREA BAU

Caroline's Four Hundred de Arquiste
Caroline’s Four Hundred de Arquiste (Cortesía de Arquiste)

La historia detrás de Caroline’s Four Hundred 

Todo comenzó con una fiesta. Una noche que definió la elegancia de toda una era: el legendario baile de Caroline Astor en el Nueva York del siglo XIX. Entre invitados, música y arreglos florales, aquella noche se convirtió en una historia viva del lujo de su tiempo.

Más de un siglo después, Carlos Huber, arquitecto y perfumista mexicano, la rescata a través del lenguaje más sutil y duradero que existe: el perfume. Así nació Caroline’s Four Hundred, una de las creaciones más emblemáticas de Arquiste, su casa olfativa dedicada a capturar la historia a través del aroma.

“Mientras me contaban cómo fue la fiesta —quién asistió, qué flores decoraban cada salón— todo era tan concreto. Parecía una lista de ingredientes”, recuerda. Rosas rojas en el salón principal, violetas en los centros de mesa, azucenas en el salón de baile y ramas de cerezo y palmeras en los corredores. “No tuve que inventar nada. Todo era tan objetivo y tan bello que simplemente había que traducirlo al lenguaje del aroma.”

El resultado fue un perfume que, más de una década después, sigue siendo sinónimo del espíritu St. Regis. Atemporal, sofisticado y profundamente emocional.“Fue un reto enorme: crear un aroma que funcionara igual en un resort tropical —como Punta Mita— que en un hotel urbano, como Nueva York, Ciudad de México o Roma”, explica. “Pero lo más bonito fue que, al final, se convirtió en parte del ADN de la marca. Y eso, es crear algo que permanece.”

El arquitecto del aroma

Antes de dedicarse a la perfumería, Carlos Huber estudiaba cómo preservar edificios. Su formación en arquitectura y conservación histórica le enseñó a entender el tiempo como materia prima. Años después, trasladó esa mirada al universo del perfume, donde también existen estructuras, materiales y cimientos invisibles.

“En una fragancia, como en un edificio, hay capas que sostienen todo lo demás: las notas de fondo son los cimientos, las de corazón la estructura y las de salida la decoración”, explica. Esa lógica arquitectónica se ha convertido en el sello de Arquiste, la casa que fundó para contar historias reales a través del aroma y construir belleza con la misma precisión con la que se levanta un espacio.

Arquiste de Carlos Huber
Arquiste (Cortesía)
Carlos Huber
Carlos Huber (Cortesía)

La permanencia y el lujo

En un mundo donde el lujo suele confundirse con lo efímero, Huber defiende la permanencia. Su propósito es crear perfumes con estructura y sentido, piezas que no busquen la tendencia sino la continuidad. “Este proyecto es mi vida. Lo hago porque me apasiona, porque creo en construir algo que dure”, confiesa.

Para él, el lujo no se mide en ostentación, sino en autenticidad, coherencia y respeto por el origen. Su visión se aleja del ruido y se alinea con una nueva sensibilidad: la de una belleza más íntima y emocional. 

“Vivimos rodeados de estímulos, y la gente busca cosas que tengan sentido. Queremos productos que nos hagan sentir bien, que estén bien hechos, que provengan de fuentes éticas. No queremos agregar más basura o problemas al mundo”, afirma. 

En sus fragancias, esa filosofía se traduce en transparencia. En historias reales, materiales nobles y un respeto absoluto por quienes los cultivan. Así, cada perfume de Arquiste se convierte en un gesto de memoria. “Esa dualidad entre lo intelectual y lo sensorial es lo que hace que este arte sea tan especial”, dice. Tal vez por eso, sus aromas no solo evocan lugares, sino que construyen espacios de calma y permanencia en medio del caos contemporáneo.

el legado

Hoy, más de una década después de su debut, la casa prepara su regreso a México este 2025, de la mano de Archibrands y Palacio de Hierro. Un retorno que no solo celebra su origen, sino también la madurez de una marca que busca consolidarse como una voz mexicana dentro de la perfumería internacional.

“Quiero que se recuerde que tanto Rodrigo Flores-Roux como yo somos mexicanos. Que Arquiste es una casa hecha con calidad, coherencia y una idea clara detrás”. Porque, al final, en la obra de Arquiste el lujo no es apariencia, sino permanencia. El aroma se convierte en arquitectura del tiempo. Y el legado en una fragancia que nunca deja de contarse.

Caroline's Four Hundred de Arquiste
Arquiste (Cortesía)