Cuando hablamos de belleza, también hablamos de responsabilidad social, ética y ciencia honesta. Hablamos de una sensibilidad que reconoce que el cuidado personal está inevitablemente ligado al cuidado del planeta. De una exigencia creciente por fórmulas más limpias y una narrativa que inspire un impacto real.
Es en ese cruce entre estética y conciencia donde Davines destaca con una voz no tan común. La de una marca que deja atrás el discurso para transformar la responsabilidad en su lenguaje más íntimo; uno silencioso, consistente y poco dado al espectáculo.
En exclusiva para Topics That Transform, conversamos con Gabriela Pérez, Digital Marketing, PR & Sustainability Manager de la marca italiana, quien revela cómo Davines ha logrado convertirse en un puente entre el cuidado capilar, la ética aplicada y una forma de comunicar que sólo dice aquello que puede sostener.
Author: aNDREA BAU
ENTREVISTA EXCLUSIVA

Identidad silenciosa
Para Gabriela Pérez, la esencia de Davines cabe en una frase que parece simple, pero engloba toda una filosofía: belleza sostenible. “No se trata de crear un shampoo o un acondicionador más, sino de desarrollar productos que existan para el mundo, no a costa de él”, aclara. “La ética, la belleza y la sostenibilidad no funcionan como conceptos aspiracionales, sino como una práctica cotidiana que guía cada decisión”.
Esa identidad, tan discreta y contundente, también explica por qué Davines elige hablar menos de sí misma y más de aquello que representa. La conversación no debe girar en torno a una narrativa que se queda en la superficie, sino a lo que realmente importa. La sostenibilidad, la mitigación del cambio climático y la necesidad de crear impacto real.
“Sabemos que las acciones hablan más fuerte que la comunicación”, señala. Por eso, prefieren contar historias reales: las de sus agricultores regenerativos, sus mediciones de impacto, sus prácticas científicas honestas, su trabajo en diversidad e incluso su intención de replantear estándares de belleza. “En Davines, sólo se comunica lo que puede sostenerse con hechos”.
Tal vez por eso Davines sigue siendo tan vigente. Su relevancia no nace de seguir el pulso de la moda, sino de sostener un propósito claro: crear belleza de forma responsable. En lugar de perseguir tendencias, eligen filtrarlas a través de su propio manifiesto, preguntándose siempre: ¿esto honra al planeta, a los profesionales y a las comunidades que tocamos? Esa coherencia, silenciosa pero firme, es lo que hace que la marca trascienda el tiempo.

La arquitectura de la autenticidad
Pero, ¿qué sostiene la autenticidad del compromiso de Davines? Mediciones, datos y una metodología que no deja espacio para la improvisación. “Lo que no se mide, no se puede mejorar”, explica Gabriela. Sí, el Grupo Davines cuenta con la certificación B Corp (una verificación que exige los más altos estándares en impacto social, ambiental y de gobernanza), pero este sello es apenas el punto de partida.
“La sostenibilidad funciona como un ecosistema vivo. Asociaciones con socios medioambientales, un centro de agricultura orgánica regenerativa, envases circulares, energía renovable, programas educativos para salones y una evaluación constante de su ciclo de vida”, continúa. “La autenticidad no nace de hablar, sino de incomodarse, cuestionarse y rendir cuentas”.
El puente entre dos culturas
Gabriela ha descubierto que su perspectiva latina no solo convive con la filosofía italiana de Davines, sino que la enriquece. “Vivir en un continente con características sociales, culturales y medioambientales tan distintas cambia todo”, cuenta. “Aquí la belleza es identidad y comunidad”.
Esa raíz también define la manera en que comunica la belleza dentro de la marca. “En Latinoamérica crecimos sabiendo que el cuidado sostiene familias, comunidades y sueños”, explica. Para ella, esa sensibilidad se traduce en una comunicación que no separa negocio de humanidad, ni estética de ética. “Cuidarnos a nosotros y a nuestro planeta es una forma de revolucionar la industria”, afirma.
“La autenticidad no nace de hablar, sino de incomodarse, cuestionarse y rendir cuentas.”
coherencia como sinónimo de reinvención
La historia de Davines ha sido una evolución profundamente orgánica. De una empresa familiar italiana pasaron a convertirse en una marca global de culto gracias a un manifiesto inamovible: crecer no significa alejarse del propósito, sino amplificarlo con ciencia e innovación. “Seguimos siendo una empresa familiar. Seguimos teniendo una única fábrica en el mundo. Continuamos hablando de lo mismo que hablábamos hace veinte años: sostenibilidad”, sostiene Gabriela.
Ese trayecto también transformó la manera en que la marca entiende su propósito. “El mayor cambio ha sido pasar de crear belleza y productos a crear belleza que genera un bienestar colectivo”, explica. “Ya no se trata únicamente de lo que hacemos dentro de la fábrica, sino del impacto que generamos fuera de ella”.
Para Davines, la reinvención no nace de la ruptura, sino de la profundización. “No dejamos de preguntarnos: ¿qué otra cosa podemos hacer para seguir mejorando?”, dice Gabriela. Cada innovación surge del mismo lugar: conciencia, ciencia, diseño y naturaleza en equilibrio dinámico. Y ese espíritu también define lo que la marca quiere dejar como huella. “La belleza no tiene valor si no cuida lo que la rodea. Desde las personas, el medio ambiente y el mundo que habitamos. Queremos demostrar que es posible innovar sin dañar y crecer sin explotar. Realmente crear productos de gran calidad sin comprometer el futuro”.


“Ya no se trata únicamente de lo que hacemos dentro de la fábrica, sino del impacto que generamos fuera de ella”.
El legado de una belleza consciente
Más que un lujo, la belleza consciente es una responsabilidad. No se trata de exceso, sino de elecciones informadas, impacto reducido y bienestar real. Porque, tal como afirma Gabriela, “la belleza consciente es el lujo de hoy simplemente porque combina estética con ética”.
