La estética clean ha dominado las tendencias de belleza y la contención visual durante años, marcando una era de perfección silenciosa. Sin embargo, en este 2026, esa narrativa comienza a perder poder frente a un deseo colectivo cada vez más evidente: el de volver a sentir el maquillaje como un espacio de expresión, juego y, sobre todo, presencia.
Y es que, tras casi un lustro marcado por la invisibilidad como ideal, el skincare entendido como sinónimo de disciplina y una corrección constante, la idea de tomar una pausa de la filosofía clean resulta cada vez más atractiva. En su lugar, aparece en el radar una belleza más expresiva y emocional, donde el color, la textura y el brillo recuperan su capacidad de comunicar.
Author: aNDREA BAU
aparece en el radar una belleza más expresiva y emocional, el color, la textura y el brillo recuperan su capacidad de comunicar.
El final del clean look como ideal de belleza
El clean makeup no apareció de forma espontánea. Su auge, entre 2019 y 2020, coincidió con un momento de aislamiento colectivo donde la pulcritud, la piel cuidada y los acabados invisibles funcionaban como una extensión del autocontrol. Y es que, en un contexto de encierro y ansiedad, la estética clean ofrecía una promesa silenciosa: orden, rutina y estabilidad a través del ritual de belleza.
Pero, con el paso del tiempo, esa estética pasó de sugerir control a regir el control. La corrección constante y la invisibilidad como ideal redujeron el margen para la expresión personal, desplazando al maquillaje de su dimensión lúdica. Hoy, el clean girl look no desaparece, pero deja de ocupar el centro de la conversación, abriendo espacio a otras formas de entender la belleza.

Del minimalismo a la expresión
En la práctica, este giro se hace evidente en cómo hoy se usa el maquillaje. Las redes sociales juegan un papel clave. Más que vitrinas de perfección, se han convertido en espacios de experimentación donde el error, la prueba y la reinterpretación forman parte del proceso. El maquillaje se explora en tiempo real. Se adapta, se exagera y se redefine, alejándose del acabado pulido como única aspiración.
Rubores extra rosados que se llevan visibles sobre las mejillas, sombras en tonos azules y morados que abandonan el papel de acento para convertirse en foco, y delineados que se permiten el color sin buscar sutileza. El maquillaje deja de mimetizarse con la piel y empieza a dialogar con ella.
En 2026, la belleza se vuelve más plural, más flexible y menos prescriptiva.

Cuando el color vuelve a tener intención
Más que una tendencia puntual, este regreso al color, la textura y el brillo habla de un cambio de ánimo más profundo en la forma en que nos relacionamos con la belleza. En 2026, un año marcado por aperturas y nuevos comienzos, el maquillaje se convierte en una herramienta de exploración personal. Más libre de reglas y más conectada con el deseo de experimentar.
No se trata de volver atrás ni de replicar códigos del pasado. Este giro responde a una forma más contemporánea de entender el maquillaje; una más intuitiva y emocional. El color, la textura y el brillo regresan no como inspiración, sino como lenguaje propio, adaptado a un presente donde la belleza se vive desde la intención.
CONCLUSIÓN EDITORIAL
El desplazamiento del clean girl no es una cancelación, sino una expansión del lenguaje de la belleza. Lo limpio, lo pulido y lo minimal continúan existiendo, pero ya no operan como norma ni como aspiración única. En 2026, la belleza se vuelve más plural, más flexible y menos prescriptiva.
El maquillaje deja de responder a reglas fijas y recupera su capacidad de adaptarse a la intención, al contexto y a quien lo lleva. Una belleza que no impone, sino que acompaña.
