Durante siglos, la joyería ha construido su propia idea de valor: rareza, procedencia y tradición. Hoy, nuevas formas de crear y consumir comienzan a cuestionar esos códigos y a replantear qué hace que una pieza sea verdaderamente valiosa.
Con la apertura de la nueva flagship de H. Moissan en Polanco, y en exclusiva para Topics That Transform, Montserrat Oliver, directora creativa de la firma, habla sobre cómo está cambiando nuestra relación con las joyas, la evolución del lujo y las nuevas formas de entender el valor y el deseo.
EXCLUSIVE INTERVIEW:

Redefiniendo el valor de la joya
Durante mucho tiempo, el valor de un diamante se medía en lo difícil que era extraerlo. El valor de la joya estuvo ligado a su rareza; a su origen. Actualmente, esa historia se cuenta de manera distinta: el verdadero valor ha cambiado de lugar.
Topics that transform (TTT): ¿Crees que hoy estamos empezando a redefinir lo que hace a una joya tan valiosa?
Montserrat Oliver (M.O.): Claro que estamos redefiniendo su valor. Extraer un diamante de la corteza terrestre significaba destruirla: financió guerras, costó muchas vidas y promovió la esclavitud. Fue una manera muy cara de darle valor a algo. Hoy los seres humanos tenemos una conciencia distinta. Buscamos comprar algo accesible pero de gran calidad, que dure para siempre, que sume en lugar de restar.
Por eso la industria del diamante de mina está desapareciendo, y está tomando fuerza el diamante de laboratorio: la moissanita. Se produce en varias partes del mundo, en India, en China, pero la nuestra se hace en París. Henri Moissan fue quien la descubrió, a partir de un meteorito que cayó a la Tierra. A mí me encanta la naturaleza, me encantan los animales, así que qué mejor que promover una joya que te hace sentir segura, lujosa, bien vestida, de muy buena calidad, y que además te cuesta el 10% de lo que costaría un diamante de mina.
TTT: ¿Qué tan difícil ha sido cambiar la percepción del consumidor a la hora de la compra?
M.O.: Ha sido difícil para mucha gente, pero es también como el arte: nosotros le ponemos el valor a las cosas, incluso a la moneda. Me da mucho gusto que, en este despertar, cada vez más personas le estén poniendo el valor a lo que realmente vale la pena, y dejando ir esas cosas heredadas que durante tanto tiempo se dieron por sentado.
H. Moissan, y como está cambiando nuestra relación con las joyas, la evolución del lujo y las nuevas formas de entender el valor y el deseo.
La ilusión de la materia: cómo creamos el valor
El lujo se ha vuelto intangible; ha dejado de ser solo lo que se posee para transformarse en lo que se experimenta. Si nos detenemos a reflexionar sobre cómo se mide su verdadero valor, nos daremos cuenta de que la respuesta ya no está en la naturaleza física del objeto. Está en la narrativa, el propósito y el símbolo que representa para quien lo lleva.
TTT: ¿Cómo definirías el lujo hoy en día?
M.O.: El lujo hoy en día es una experiencia. Es estar orgullosa de lo que te compraste, saber que hubo valor detras de lo que elegiste, que hayas pagado un buen precio por la calidad que recibiste, y que además estés haciendo algo bueno; que sumes, no que destruyas.
TTT: Sabemos que eres muy cercana al medio ambiente y a la sostenibilidad. ¿Qué quieres construir en los próximos cinco años?
M.O.: Hace no mucho tiempo, ciertas piezas eran inalcanzables; hoy ya son alcanzables. Puedes estar orgullosa de haber trabajado por tu pieza y de tenerla desde joven. Quiero crear conciencia, que la gente que todavía no lo sabe se entere, y ayudar a poner el valor donde debe estar. Queremos crecer, expandirnos en Estados Unidos y en todos lados. La piedra que tenemos está hecha en Francia por Henri Moissan, a partir de un meteorito que cayó y la generó. Es una receta secreta, de la más alta calidad, con garantía de por vida; se cuida igual que un diamante de mina, se limpia igual.


Diseñar desde el gusto propio
El diseño de una joya se aleja de la forma y se acerca al gusto personal de quien la crea. Para Oliver, esa es la única brújula posible: una pieza no se valida por una tendencia, sino porque a su creadora le sigue enamorando en cada uno de sus detalles.
TTT: ¿Qué buscas que tenga una pieza para que se sienta deseable, más allá del objeto?
M.O.: Que me guste a mí. Para qué te voy a mentir, yo no voy a crear algo que no me guste. Que me guste, que me sorprenda; he tenido la fortuna de viajar y de vivir distintas etapas, y de ahí sale lo que me inspira. La primera pieza que diseñé fue el Monti, así me dicen los americanos, porque no saben pronunciar mi nombre. Me inspiré en una corona de la Reina Sabena, la volteé, le puse otros detalles, y de ahí salió. Hoy en día ya no te puedes poner una corona, pero sí te la puedes colgar. Tuvo tanta aceptación que hasta la puse en la portada de mi libro.
La nueva Flagship store
Tras casi un año en un espacio que no terminaba de sentirse propio, H. Moissan encuentra en Masaryk la oportunidad de edificar un universo bajo sus propios códigos, materializado en esta flagship cuyo diseño fue realizado por el estudio Lanza Atelier.
TTT: La flagship de Polanco lleva la marca a través de sus piezas en un espacio propio, con su propia esencia y diseño, sin adaptarse a otra estructura.
M.O.: Así es. Estamos felices de ser una marca moderna, de poder hacer nuestros propios diseños. Además de esta apertura en Masaryk: ya llevábamos casi un año en un local anterior, pero nos cambiamos a uno nuevo porque ahí tuvimos que adaptarnos a algo que ya existía; aquí lo pudimos crear desde cero, así que tiene mucho más la esencia de la marca. Abrimos la tienda en octubre, y en noviembre, si Dios quiere, seguimos avanzando.
TTT: ¿Qué querían que se entendiera al entrar aquí, que quizá una joya por sí sola no podía contar?
M.O.: Que H. Moissan es la experiencia. El lujo de que te traten bien, de que te sientas segura y en confianza, de que somos una marca moderna que suma todas las grandezas que tenemos como seres humanos — la calidad, el brillo, la responsabilidad de comprar de forma sustentable.


El lujo ya no se mide en lo que costó extraerlo, sino en lo que estuvo dispuesto a construir sin destruir nada en el camino.
Epilogo:
Hasta hace poco, una joya se validaba por lo que costaba conseguirla: la mina, el traslado, la escasez. Durante décadas, la industria operó bajo un pacto implícito: el silencio. Nos enseñaron a admirar el brillo sin cuestionar las sombras detrás de su origen. Nadie preguntaba por el costo humano, la huella en la tierra o la ética detrás de cada pieza. Esa ignorancia deliberada era parte del prestigio. Ese silencio se rompe para dar paso a una sofisticación consciente: el verdadero lujo ya no basta con que sea bello, debe ser transparente en su historia.
Hoy, esa lógica empieza a quedarse atrás. Ya no basta con que una pieza sea rara: también tiene que merecer un lugar. Y en esta nueva manera de entender el valor de una joya, H. Moissan encontró el suyo: una piedra que nace de un meteorito y no de una mina, una marca que se construye desde el gusto propio y no desde la fórmula, una tienda diseñada desde cero en lugar de heredar un espacio ajeno.
El lujo ya no se mide en lo que costó extraerlo, sino en lo que estuvo dispuesto a construir sin destruir nada en el camino.
