La relación no parece evidente a primera vista, pero la luz también transforma la manera en que imaginamos un aroma. Un mismo paisaje puede sentirse completamente distinto cuando el sol comienza a descender. Y el agua, que durante años asociamos con una frescura cristalina, adquiere una calidez inesperada. No cambia el océano, cambia la forma en que lo percibimos. Con L’Eau Ambrée, KENZO Parfums traslada ese instante a la perfumería.

El nuevo integrante de la familia L’Eau aparece como una nueva expresión de identidad olfativa de la marca franco-japonesa. Sí, conserva la esencia acuática que ha definido a la colección durante casi tres décadas, pero la reinterpreta desde los tonos del atardecer. Una composición donde la frescura encuentra una nueva profundidad y donde el agua, por primera vez en una fragancia, aparece bañada por el sol.

L’Eau: El agua como punto de partida

En 1996, Kenzo Takada imaginó un perfume inspirado en una idea aparentemente sencilla: darle color al agua. Así nació L’Eau Kenzo pour Femme, una fragancia que convirtió la frescura, las flores y la naturaleza en parte de un lenguaje olfativo que, dos años después, encontraría también su versión masculina. Casi tres décadas más tarde, el agua continúa siendo uno de los códigos más reconocibles de KENZO Parfums y el punto de partida de una familia que ha encontrado distintas maneras de interpretarla.

Pero incluso los códigos más reconocibles pueden cambiar dependiendo de cómo se miren. Si L’Eau nació alrededor de una visión fresca y luminosa del agua, L’Eau Ambrée parece preguntarse qué sucede cuando esa misma frescura alcanza otra hora del día. El azul se vuelve dorado, la transparencia adquiere profundidad y el océano deja de imaginarse únicamente desde lo más frío. Es ahí, justo cuando la luz comienza a caer, donde esta nueva fragancia encuentra su lugar.

L’Eau Ambrée: Cuando la frescura se vuelve cálida

Detrás de esta nueva interpretación están Daphné Bugey —la perfumista que ya había comenzado a redefinir el universo de L’Eau con L’Eau Pure— y Nicolas Bonneville, nariz detrás de creaciones como Paradigme de Prada y Encens Divin de Givenchy. Juntos, imaginan un aroma tan fresco como envolvente. ¿La premisa? Conservar la frescura característica de la colección sin permitir que definiera por completo la fragancia.

Así, L’Eau Ambrée comienza con una higuera jugosa y encuentra en el ylang-ylang su faceta más solar, trabajado en tres formas distintas para revelar desde matices ligeramente especiados hasta una sensación más cremosa, casi como el aroma de un coco partido durante el atardecer.

Pero es precisamente en el contraste donde la composición empieza a explicar su nombre. Ambrée —ámbar, en español— anticipa esa calidez que atraviesa la fragancia: mientras el sándalo, la vainilla de Tahití y los matices balsámicos del benjuí construyen un fondo cálido, Aquozone®, una molécula capaz de recrear la sensación cristalina del agua, devuelve la composición a su origen acuático.

L’Eau Ambrée no abandona la frescura para convertirse en una fragancia cálida; permite que ambas sensaciones existan al mismo tiempo. Y es ahí donde encuentra su poder: en demostrar que incluso aquello que asociamos con el agua puede sentirse profundo, cremoso y, al mismo tiempo, luminoso.

La continuación del contraste

La dualidad de L’Eau Ambrée no termina en la manera en que combina frescura y calidez. Continúa en la manera en la que se presenta. Su frasco conserva la silueta de una gota de agua, pero esta vez se tiñe de un ámbar cálido que recuerda a los últimos minutos de luz del día. Incluso antes de descubrir su aroma, el diseño parece adelantar la misma transición que ocurre en su interior: del agua cristalina a los reflejos dorados del atardecer.

Pero hay otra elección —o, mejor dicho, la ausencia de ella— que termina de definir su identidad: L’Eau Ambrée es una fragancia sin género. Aquí, no existe una versión pour Femme y otra pour Homme, como sucedió con los primeros capítulos de L’Eau. La misma composición está pensada para todos, dejando que sea la piel, y no una categoría, la que termine de definir cómo se percibe el perfume.

La fragancia como compromiso

Quizá la relación con el agua no termina en aquello que inspira una fragancia. Con L’Eau Ambrée, KENZO Parfums continúa su colaboración con Coral Gardeners, una organización dedicada a la restauración de los arrecifes de coral. Y la relación continúa incluso en su creación: una fórmula compuesta por un 90 % de ingredientes de origen natural y un frasco elaborado con un 15 % de vidrio reciclado.

Porque si el agua ha sido el punto de partida de esta historia durante casi tres décadas, quizá protegerla sea también una manera de imaginar su futuro.

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