La ilusión de conocer a nuestro bebé nos acerca a un universo de descubrimientos sobre el cuerpo, la medicina y las distintas maneras de dar a luz.
Durante el embarazo imaginamos muchas veces el primer encuentro; también comenzamos a interesarnos por todo aquello que hará posible ese momento. Entre relatos familiares, clases prenatales y conversaciones médicas, prepararse para el nacimiento se convierte en una experiencia de descubrimiento, tanto física como emocional.
La ilusión de conocer a nuestro bebé nos acerca a un universo de descubrimientos sobre el cuerpo, la medicina y las distintas maneras de dar a luz.
Hay preguntas que adquieren un significado completamente distinto cuando estamos embarazadas. De pronto queremos saber cómo nacimos nosotras; escuchamos con atención a una amiga que nos habla de su epidural, preguntamos cuánto duró el parto de nuestra hermana o buscamos una clase prenatal que nos ayude a entender qué sucederá cuando llegue el momento.
Mientras tanto, seguimos imaginando a nuestro bebé. Sus manos, su rostro, la primera vez que escucharemos su voz. Las redes sociales han ampliado ese imaginario con nacimientos en agua, habitaciones cálidas y encuentros fotografiados con una intimidad casi cinematográfica. Son imágenes que inspiran; también despiertan curiosidad por todo lo que sucede alrededor de ese instante.
Y así, entre los preparativos para recibirlo, empezamos a conocer otra historia: la de nuestro propio cuerpo y las múltiples posibilidades del nacimiento.
Millones de nacimientos, distintas historias
En 2025, Estados Unidos registró 3,606,400 nacimientos, de acuerdo con las cifras provisionales del National Center for Health Statistics del CDC. En México, el INEGI contabilizó 1,678,532 nacimientos registrados durante ese mismo año; una cifra administrativa que también incluye nacimientos ocurridos en años anteriores.
Detrás de esos números existen millones de experiencias que no necesariamente siguen el mismo recorrido. En Estados Unidos, el 32.5 % de los nacimientos de 2025 ocurrió por cesárea. Una estimación internacional difundida por la Organización Mundial de la Salud en 2021, basada en datos de referencia de 2018, situó la proporción de cesáreas alrededor del 43 % en América Latina y el Caribe y del 26 % en Europa.
Las cifras corresponden a distintos periodos y sistemas de registro; no permiten evaluar por sí solas la calidad de la atención de cada región, pero sí muestran la diversidad de prácticas obstétricas alrededor del mundo.
La OMS insiste en que el objetivo no es alcanzar una tasa universal de cesáreas, sino garantizar que cada mujer tenga acceso a la intervención cuando la necesita.
También existen diferencias en la manera de iniciar el trabajo de parto. En Estados Unidos, el 34.5 % de los nacimientos de un solo bebé tuvo una inducción en 2024, frente al 24.9 % en 2016. Una inducción no es una vía de nacimiento independiente; permite iniciar el trabajo de parto mediante procedimientos médicos y puede culminar en un parto vaginal o una cesárea.
Más allá de las estadísticas, cada embarazo tiene sus propias circunstancias. Una primera maternidad, una gestación múltiple, un embarazo después de una pérdida o uno logrado mediante reproducción asistida pueden implicar cuidados, expectativas y conversaciones diferentes.

Lo que aprendemos sobre el cuerpo
El embarazo nos introduce en una fisiología que rara vez habíamos observado con tanta atención. Los ultrasonidos permiten seguir el crecimiento y la posición del bebé; los estudios prenatales ayudan a identificar condiciones que requieren seguimiento, incluso cuando no producen síntomas.
Conforme avanzan las semanas, también aprendemos que un dato médico necesita contexto. El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y la Society for Maternal-Fetal Medicine señalan que la atención de los embarazos a partir de los 35 años debe individualizarse; la edad, por sí sola, no constituye una indicación de cesárea.
La curiosidad comienza entonces a dirigirse hacia el trabajo de parto. Queremos comprender qué sucede durante una contracción, cómo cambia el cuello uterino y de qué manera se evalúa el progreso.
Las clases prenatales, los cursos hospitalarios y las conversaciones con especialistas nos acercan a ese proceso. Algunas mujeres descubren las distintas posiciones que pueden utilizar durante el trabajo de parto; otras conocen por primera vez el funcionamiento del monitoreo fetal, la oxitocina sintética o las alternativas para aliviar el dolor. Hay algo fascinante en descubrir cómo funciona un cuerpo que conocemos de toda la vida y que ahora se prepara para dar a luz.
Una epidural no significa dejar de participar
Entre las decisiones que más conversación generan está el alivio del dolor.
En 2024, el 75.4 % de las mujeres estadounidenses con un parto vaginal de un solo bebé recibió anestesia epidural o espinal, según un informe del CDC publicado en marzo de 2026. La cifra muestra lo extendido que está el uso de estas técnicas en ese país, aunque no representa a todas las mujeres que dieron a luz ese año.
La epidural se administra mediante un catéter delgado colocado en la zona lumbar; permite aliviar el dolor mientras la mujer permanece despierta. Puede seguir percibiendo las contracciones o cierta presión y, generalmente, puede participar activamente y pujar cuando llega el momento. También puede mover las piernas, aunque caminar quizá no sea seguro; esto depende del efecto de la medicación y de la valoración del equipo médico.
Una mujer puede desearla desde el principio o solicitarla más adelante. ACOG reconoce que, en ausencia de contraindicaciones médicas, la solicitud materna es suficiente para ofrecer analgesia durante el trabajo de parto.
Conocer las alternativas permite conversar sobre nuestras preferencias sin sentir que debemos comprometernos de antemano con una sola manera de vivir el nacimiento.
Incluso cuando se desea o necesita una intervención médica, es importante incluir a las mujeres en las decisiones sobre la atención que reciben
Las distintas maneras de dar a luz
El plan de parto es una herramienta para conversar sobre preferencias: analgesia, movilidad, acompañamiento, contacto con el recién nacido y otros aspectos importantes para nosotras.
También conviene conocer las diferencias entre procedimientos que solemos mencionar como si fueran equivalentes.
Una inducción busca iniciar el trabajo de parto; puede incluir medicamentos para preparar el cuello uterino, un balón cervical, oxitocina sintética u otros métodos, según las circunstancias. La preparación del cuello uterino puede formar parte del proceso antes de que se establezcan las contracciones.
Una cesárea programada se organiza antes del nacimiento, mientras que una cesárea no programada se decide posteriormente, por ejemplo, durante el trabajo de parto. Y aquí hay una distinción importante: no programada no significa automáticamente una emergencia. Existen diferentes grados de urgencia y, en muchas circunstancias, hay tiempo para explicar la recomendación y preparar la cirugía.
Cada procedimiento tiene indicaciones, beneficios, riesgos y necesidades de recuperación particulares. Comprenderlos permite participar en las decisiones y reconocer que las distintas vías de nacimiento responden a historias clínicas y circunstancias diferentes.
El contexto también influye. En México, Estados Unidos y distintos países europeos, la disponibilidad de parteras, obstetras, anestesiólogos y programas de preparación prenatal varía entre instituciones y sistemas de salud. Conocer las opciones del lugar donde nacerá nuestro bebé es parte de esa preparación.
Las primeras horas también cuentan
En los cursos prenatales solemos dedicar mucho tiempo al trabajo de parto; vale la pena preguntar también qué sucede inmediatamente después.
¿Cómo será la vigilancia durante la recuperación? ¿Cuándo podremos tener al bebé sobre nuestro pecho? ¿Qué apoyo habrá para la primera alimentación? ¿Qué sucede si alguno de los dos necesita atención adicional?
El contacto piel con piel puede comenzar poco después del nacimiento cuando las condiciones de ambos lo permiten. Además de favorecer el inicio de la lactancia, ofrece un primer espacio de cercanía; si debe esperar por razones médicas, el vínculo no depende exclusivamente de los primeros minutos.
Conocer los cuidados de las primeras horas, las opciones de acompañamiento y los recursos disponibles para la alimentación del bebé también forma parte de prepararnos para su llegada.

La preparación emocional
A medida que conocemos las distintas posibilidades del nacimiento, también comenzamos a pensar cómo queremos vivirlo. Hay preguntas que resolvemos con nuestro obstetra y otras que conversamos con nuestra pareja, nuestra madre o una amiga que ya dio a luz; qué nos aporta tranquilidad, cómo nos gustaría que nos acompañaran y qué expectativas tenemos sobre ese primer encuentro.
Para algunas mujeres, conocer cada etapa del proceso resulta reconfortante; otras prefieren recibir la información conforme avance el embarazo. Una experiencia anterior, una pérdida o simplemente nuestra manera de relacionarnos con lo desconocido pueden influir en esa preparación.
También están las cuestiones prácticas: conocer el hospital, preguntar por sus servicios, revisar la cobertura médica y decidir quién queremos que esté presente. Son conversaciones que nos ayudan a llegar a ese día con mayor familiaridad con el entorno y con las personas que nos atenderán.
La Organización Mundial de la Salud reconoce el acompañamiento elegido, la comunicación clara y la participación de la mujer en las decisiones como parte de una experiencia positiva de parto.
«Incluso cuando se desea o necesita una intervención médica, es importante incluir a las mujeres en las decisiones sobre la atención que reciben».
— Ian Askew, entonces director del Departamento de Salud Reproductiva e Investigaciones de la Organización Mundial de la Salud.
Durante meses imaginamos cómo será conocer a nuestro bebé; seguimos su crecimiento, esperamos sus movimientos y pensamos en la primera vez que lo tendremos en brazos. En ese mismo tiempo aprendemos sobre nuestro cuerpo, descubrimos las posibilidades de la medicina y compartimos con quienes nos acompañarán aquello que deseamos para el nacimiento.
La ilusión del primer encuentro también nos invita a prepararnos para vivirlo; con conocimiento, confianza y nuestra propia manera de dar a luz.
