Puerto Escondido no se recorre. Se habita.
La ciudad más poblada de la costa oaxaqueña no exige itinerarios, calendarios ni promesas. Todo lo contrario: merece pausas, silencios y momentos de presencia. Y lo cierto es que muchos de ellos ocurren alrededor de una mesa.
Durante las últimas vacaciones sin prisa, el día se ordenó en sus tres momentos naturales: mañana, tarde y noche. En cada uno, un restaurante distinto marcó algo esencial:. En Puerto Escondido, comer no es solo alimentarse, sino un deleite que invita a habitar el lugar.
Estos lugares no son descubrimientos casuales. Son espacios donde el sabor tiene intención, los ingredientes sorprenden y el momento se queda contigo mucho más de lo esperado.
Author: aNDREA BAU
“espacios donde el sabor tiene intención, los ingredientes sorprenden y el momento se queda contigo mucho más de lo esperado.”
La mañana que se disfruta: Santo Punta Zicatela

En Santo, no se trata de desayunar. Se trata de comenzar el día con intención. Aquí, comer bien no es una corrección ni una tendencia, es simplemente disfrutar el sabor desde el primer momento del día.
El menú entiende el equilibrio entre confort y carácter. Los chilaquiles verdes con pork belly se han convertido en el platillo insignia; ese que los meseros recomiendan porque realmente sorprende. La alternativa vegetal, unas enchiladas con salsa encacahuatada rellenas de quesillo oaxaqueño, ofrece el mismo nivel de sorpresa. Y si el antojo va por algo más clásico, el croque madame resuelve con precisión un desayuno reconfortante, bien ejecutado y sin excesos.
Inaugurado hace tan solo unas semanas, Santo Punta Zicatela se está consolidando como uno de los espacios gastronómicos más interesantes de la zona por su cocina versátil y una atmósfera única. Desayunar aquí implica hacerlo con los pies sobre la arena oaxaqueña, con el mar cerca y la certeza de que no hay prisa.
El ritmo del mediodía: Anthonieta Bistrot

En Puerto Escondido, la hora de la comida pide una pausa real y Anthonieta entiende ese momento con naturalidad. Lejos del ruido de la Punta y cerca de Carrizalillo, este restaurante se convierte en un punto de respiro donde el día baja de ritmo sin perder carácter.
La carta se mueve entre lo reconfortante y lo inesperado. Los mejillones al vino blanco traen lo mejor del Pacífico para una comida entre amigos. El pad thai confirma que aquí no hay miedo a cruzar fronteras si el resultado vale la pena. Y sí, sorprendentemente, la ensalada César se vuelve una de esas elecciones que no parecen obvias hasta que las pruebas y entiendes por qué se queda en la mesa.
Aquí, la comida se vive con calma, la sobremesa se alarga y el mediodía encuentra su lugar. Un restaurante que no compite por atención, pero gana en la memoria.
Cuando cae la noche: Lychee Thai Food

En plena Punta Zicatela, Lychee Thai Food es uno de esos lugares que se sienten vivos desde que llegas. Mantiene el equilibrio entre popularidad y criterio; entre mesas llenas y un sazón espectacular. La cocina, tailandesa con un toque pensado para adaptarse a la costa, está hecha para compartirse y quedarse un rato más de lo planeado.
El carpaccio de la casa abre la mesa con frescura y contraste. Con notas cítricas, un punto cremoso y el picante justo para despertar el apetito sin saturar. El curry rojo confirma el carácter del lugar, con especias bien calibradas, leche de coco envolvente y un picante que despierta sin robarse el protagonismo. Aunque si de sorpresas hablamos, el pollo agridulce de tamarindo con cacahuates termina por conquistar la mesa con ese balance exacto entre dulzor, acidez y textura.
Una cena para terminar la noche como se debe en Puerto Escondido: con buen sabor y sin apuro.
Puerto Escondido: un ritual gastronómico

Puerto Escondido no se entiende desde un solo lugar ni desde una sola comida. Se construye a lo largo del día, mesa por mesa, entre desayunos bien hechos, pausas al mediodía y cenas que se alargan sin darse cuenta. Comer aquí no responde a tendencias ni a reglas externas; responde al ritmo del lugar.
Tal vez sea por eso que esta costa oaxaqueña conquista tanto a locales como extranjeros; porque el sabor termina marcando el recuerdo.
