Hubo un momento en el que el retinol parecía haber ganado toda conversación sobre skincare… hasta que empezamos a preguntarnos si realmente queríamos seguir usándolo.

El ingrediente que se convirtió en sinónimo de renovación y prevención comenzó a compartir espacio con un vocabulario un tanto más negativo. Irritación, sensibilidad, barrera cutánea, daño. Lo curioso es que, mientras nuestra percepción cambiaba, la ciencia detrás de él seguía prácticamente en el mismo lugar.

Pero, entonces, ¿qué pasó? Quizá la respuesta sencilla sería decir: su propia viralidad. Porque, aunque el retinol era uno de los grandes protagonistas del skincare, también empezó a convertirse en uno de sus ingredientes más cuestionados. Pero entender esta nueva relación exige salir de los extremos. Porque la pregunta más interesante ya no es si el retinol es bueno o malo, sino qué sabemos realmente sobre él —y cuánto de lo que creemos saber nació fuera de la ciencia.

Antes del retinol, estuvieron los retinoides

Para entender cómo llegamos a cuestionarlo, primero hay que entender cómo llegó hasta nosotros. La historia no comienza exactamente con el retinol, sino con los retinoides: una familia de compuestos derivados de la vitamina A que empezó a transformar la dermatología mucho antes de ocupar un lugar en nuestras rutinas de diez pasos. Fue en los años 70 cuando la FDA (la agencia del gobierno federal de los Estados Unidos encargada de proteger la salud pública) aprobó uno de estos retinoides —la tretinoína— para tratar el acné; y, entonces, todo cambió.

Los dermatólogos comenzaron a observar que la tretinoína hacía más que intervenir en el acné. Aceleraba la renovación de las células superficiales y estimulaba la producción de colágeno. Lo que había comenzado como una herramienta contra el acné empezó a abrir una conversación completamente distinta sobre cómo podía cambiar la piel. Fue entonces cuando la industria cosmética volteó a mirar a toda la familia de retinoides. Entre ellos, por supuesto, el retinol.

Es ahí donde sucede el verdadero salto; pues una conversación que pertenecía principalmente a la dermatología entró de lleno en la cultura del skincare. El retinol apareció en sérums, cremas y tratamientos de venta libre. Dejó de sentirse como una molécula que había que conocer para convertirse en un nombre que prácticamente todos reconocían. Pero su llegada a nuestros estantes no ocurrió únicamente porque la industria hubiera encontrado una nueva promesa que vender. Detrás de su popularidad había algo mucho más difícil de construir: evidencia.

La ciencia detrás del retinol

La reputación del retinol tiene una explicación más sólida que cualquier tendencia viral: realmente funciona. Al entrar en la piel, el retinol se convierte en ácido retinoico, la forma capaz de estimular la renovación celular y la producción de colágeno. Físicamente, se traduce en mejoras de textura, líneas finas y pigmentación.

Por supuesto, también está el acné. Los retinoides tópicos siguen formando parte de las recomendaciones dermatológicas precisamente porque ayudan a evitar que los poros se obstruyan y pueden reducir la inflamación. En pocas palabras: sí, el retinol sigue siendo un ingrediente ampliamente recomendado por dermatólogos.

Pero hay una distinción importante. Buena parte de la evidencia clínica pertenece a toda la familia de retinoides. Eso no significa que el retinol no tenga evidencia, sino que no todo producto que diga “retinol” en la etiqueta vaya a producir exactamente los mismos resultados. Concentración, formulación, estabilidad y la capacidad de la piel para tolerarlo también importan —y mucho.

Tal vez por eso resulta tan fácil perderse entre los dos extremos. El retinol no es una promesa vacía inventada por la industria de la belleza, pero tampoco es una molécula milagrosa. Tiene mecanismos conocidos, evidencia detrás y resultados que dependen de cómo —y en quién y cuándo— se utiliza. Y es precisamente esa última parte la que empezó a complicar su historia.

Cuando la precaución se convirtió en desconfianza

Digámoslo de nuevo: que algo funcione no significa que lo haga de la misma manera para todos. Ahí comienza toda la polémica. Porque sequedad, descamación, enrojecimiento e irritación son efectos conocidos de los retinoides, especialmente al comenzar a utilizarlos. Pero eso no los convierte en villanos.

La manera en la que comenzamos a entender el skincare también influyó. Y es que, cuando la barrera cutánea ganó protagonismo, las rutinas comenzaron a simplificarse y tolerar irritación dejó de sentirse necesariamente como una prueba de que un producto estaba funcionando. En redes sociales, esa conversación encontró el escenario perfecto para crecer; y frases como “puede irritar” comenzaron a confundirse con “hace daño”.

Entonces, en 2024, apareció un argumento casi definitivo: Europa estaba restringiendo el retinol. Sí, la Unión Europea estableció nuevos límites para su concentración en cosméticos, pero nunca prohibió el ingrediente ni concluyó que fuera inseguro. La medida buscaba controlar la exposición total a vitamina A considerando también otras fuentes: la alimentación y los suplementos. Pero, para TikTok, lo que era una regulación mucho más específica terminó alimentando una narrativa bastante más sencilla: si Europa lo restringía, algo debía estar mal.

Ahí es donde una conversación científica con condiciones se convirtió en algo mucho más fácil de compartir. El retinol irrita. Europa lo restringió. La barrera cutánea importa. Cada afirmación contiene una parte de verdad. Pero, juntas y sin contexto, pueden contar una historia completamente distinta. Tal vez el verdadero cambio nunca estuvo en el ingrediente. Estuvo en nuestras ganas de utilizarlo a cualquier costo. La ciencia no dejó de respaldarlo; simplemente nunca dijo que todos tuviéramos que usarlo de la misma manera.

Entonces, ¿cómo se usa el retinol?

Si algo deja claro toda esta conversación es que usar retinol no debería convertirse en un reto viral. La recomendación dermatológica general suele ser bastante sencilla: comenzar poco a poco, con concentraciones que la piel pueda tolerar, utilizarlo únicamente por la noche y acompañarlo de mucha hidratación. Tampoco existe una edad universal para empezar; depende más de lo que cada piel necesita —desde acné o pigmentación hasta líneas finas— y las pieles sensibles o muy secas suelen requerir mayor precaución.

Y algo que vale la pena dejar muy claro: más no necesariamente significa mejor. Una concentración mayor o una aplicación más frecuente no garantiza mejores resultados. Si aparece irritación persistente, reducir la frecuencia —o detener su uso— tiene mucho más sentido que intentar acostumbrar la piel a cualquier costo. La constancia, la formulación y, sobre todo, la tolerancia importan tanto como el activo. Porque utilizar bien el retinol nunca debería significar aprender a soportarlo.

Editor’s Insight

Después de entender su historia y evidencia, persiste una pregunta importante: ¿seguimos usando retinol? La respuesta corta es sí. Pero no de la misma manera. Entender mejor un ingrediente también significa dejar de perseguir la concentración más alta, de pensar que la irritación es parte obligatoria del proceso o de asumir que una fórmula funciona simplemente porque lleva una palabra conocida en la etiqueta.
Lo más importante es comprender qué es lo que realmente necesitamos y encontrar fórmulas donde eficacia y tolerancia puedan —y deberían— existir en la misma conversación. Quizá por eso estos productos se han convertido en favoritos cuando se trata de retinol: porque representan distintas maneras de formularlo, utilizarlo y, sobre todo, convivir con él.

The Ordinary Retinol 0.5% in Squalane / TTT Selection — Andrea Bau

Hay fórmulas que se quedan precisamente porque no intentan complicar demasiado las cosas. Con una concentración intermedia de retinol y una base de escualano, esta se ha convertido en una de ellas. Eficaz, directa y, sobre todo, una buena prueba de que encontrar el retinol correcto no siempre significa buscar el porcentaje más alto.

SkinCeuticals Retinol 1.0 / TTT Selection — Claudia Valdez

Hay pieles que, después de construir tolerancia, pueden pedir un paso más. Con 1% de retinol puro, esta fórmula está pensada precisamente para usuarios experimentados. Una concentración alta que recuerda algo importante: llegar hasta aquí no debería ser el objetivo de toda rutina, sino una posibilidad cuando la piel realmente está preparada para ello.

Shiseido Vital Perfection Intensive WrinkleSpot Treatment A+ / TTT Selection — Claudia Valdez

Después de más de tres décadas investigando el activo, Shiseido desarrolló una fórmula con retinol puro y tecnología diseñada para preservar su estabilidad. Una manera distinta de hablar de potencia: no desde una concentración cada vez mayor, sino desde qué tan bien está formulado el ingrediente que llega a nuestra piel.

Medik8 Crystal Retinal 6 / TTT Selection — Andrea Bau

No todo lo que transforma la piel tiene que llamarse retinol. Esta fórmula apuesta por el retinal, otro derivado de la vitamina A que necesita menos pasos de conversión para llegar al ácido retinoico. Crystal Retinal 6 ocupa además un punto intermedio dentro del sistema progresivo de Medik8: una manera de entender los retinoides desde la evolución de la piel, no desde la búsqueda constante de mayor potencia.