Mucho antes de saber qué queríamos del amor, ya sabíamos que Ross y Rachel estaban destinados a terminar juntos. Supimos que había que elegir entre Big y Aidan y entendimos que Stefan y Damon representaban dos maneras completamente distintas de enamorarse. Y, aunque entonces solo parecían historias que esperábamos cada semana frente a una pantalla, algo de ellas se quedó con nosotros.

Porque crecer alrededor de historias épicas también nos ha hecho descubrir cómo queremos entender el amor. Y es que, quizá lo que alguna vez nos pareció romántico, hoy puede parecernos imposible. Lo que entonces parecía aburrido, tal vez ahora se siente exactamente como aquello que buscaríamos. Las series cambiaron, nosotros también. Pero entre todas esas historias fuimos construyendo, casi sin darnos cuenta, nuestra propia idea del amor. Y, quizá, estas son algunas de las que más tuvieron que ver con ello.

Friends
Sex And The City

Diez series románticas que todavía recordamos

Friends: el amor que se encunetra en la amistad

Ross dijo el nombre de Rachel frente al altar. Rachel se bajó de un avión. Y nosotros pasamos diez temporadas esperando que dos personas que parecían incapaces de coincidir finalmente lo hicieran. Pero mientras Ross y Rachel nos enseñaban a creer en ese amor que —sin importar cuántas veces se equivoca— siempre encuentra la manera de regresar, Monica y Chandler construían otra historia muy diferente. Una que empezó casi por accidente y terminó demostrando que el amor también podía parecerse a una amistad, a elegir a alguien todos los días y, simplemente, a quedarse.

Sex and the City: el amor que comienza en una misma

Carrie pasó seis temporadas preguntándose si Big era “el indicado”. Pero, tal vez, esa no era la pregunta más importante. Y es que, entre Big, Aidan y todas las relaciones que aparecieron en el camino, Sex and the City nos enseñó que enamorarse también significaba descubrir cuánto estábamos dispuestas a cambiar —y cuánto no— por alguien más. La vimos creer que el amor debía sentirse extraordinario, equivocarse una y otra vez y regresar a la misma persona hasta realmente encontrarse a ella misma en París. Fue entonces cuando entendimos algo mucho más importante: antes de elegir a alguien, Carrie tuvo que aprender a elegirse a sí misma. Posiblemente, la gran metáfora de una serie que nunca habló únicamente de encontrar el amor, sino de descubrir quiénes éramos mientras lo buscábamos.

Gilmore Girls
Gossip Girl

Gilmore Girls: el amor que podía cambiar el rumbo

Antes de que TikTok convirtiera cada historia de amor en un debate, Gilmore Girls ya nos había obligado a escoger un equipo. Dean, Jess y Logan nunca fueron solo tres personas de las que Rory se enamoró. También representaban tres versiones distintas de ella misma. Dean pertenecía a la seguridad de lo conocido. Jess, a todo aquello que todavía estaba por descubrir. Y Logan, a un mundo que parecía tan emocionante como incierto. Quizá por eso seguimos discutiendo sobre ellos tantos años después. Porque elegir nuestro team favorito nunca fue únicamente decidir quién debía quedarse con Rory, sino imaginar en qué versión de ella queríamos convertirnos.

Gossip Girl: el amor que confundimos con intensidad

Chuck y Blair nunca hicieron que enamorarse pareciera sencillo. Y, lo cierto, es que era parte de su encanto. Entre juegos de poder, despedidas, regresos y un “three words, eight letters” que terminó convirtiéndose en parte del diccionario popular, nos hicieron creer que las grandes historias necesitaban sentirse intensas para ser extraordinarias. Los vimos hacerse daño, encontrarse con otras personas y volver al otro una y otra vez. Hoy, probablemente los entenderíamos desde otro ángulo. Pero, en 2012, Chuck y Blair nos hicieron creer que había amores tan grandes que incluso todo aquello que los complicaba parecía formar parte de la historia. ¿Un error? Tal vez el reflejo de todo aquello que todavía nos faltaba aprender.

The Vampire Diaries
Bridgerton

The Vampire Diaries: el amor que se convirtió en una elección

Stefan o Damon. Durante años parecía que no existía otra opción. Elena quedó en medio de dos hermanos que representaban maneras completamente distintas de amarla. Uno parecía ofrecer la seguridad de un amor que cuidaba. El otro, la intensidad de uno capaz de cambiarlo todo. Y eso era lo más interesante de The Vampire Diaries. No discutíamos únicamente sobre con quién debía quedarse la protagonista. Sin saberlo, también estábamos empezando a decidir qué clase de amor nos parecía más emocionante y cuál queríamos para nosotras mismas.

Bridgerton: el amor que nos devolvió la fantasía

Después de años aprendiendo a detectar todo lo que podía salir mal en una relación, Bridgerton hizo algo inesperadamente sencillo: nos devolvió las ganas de creer en una gran historia de amor. Una de miradas que duran demasiado, manos que apenas se rozan y declaraciones casi imposibles de olvidar. Ya sabíamos que el amor real no siempre se parece a los cuentos que alguna vez imaginamos. Pero Bridgerton nos recordó que eso no significaba que tuviéramos que dejar de querer un poco de fantasía.

The Summer I Turned Pretty
Nobody Wants This

The Summer I Turned Pretty: el amor que lo comenzó todo

Hay primeros amores que terminan y otros que parecen imposibles de olvidar, aun cuando cambia nuestra propia historia. Belly creció queriendo a Conrad mucho antes de saber realmente qué significaba querer a alguien. Ahí está el elemento que convirtió a The Summer I Turned Pretty en la historia de amor de una nueva generación. Entre veranos que terminan, personas que cambian y sentimientos que permanecen, la serie nos recordó que crecer también significa descubrir si seguimos queriendo a alguien o simplemente extrañamos la versión de nosotros mismos que alguna vez lo quiso.

Nobody Wants This: el amor que se atrevió a decirlo todo

Después de tantas historias alrededor de todo lo que sus protagonistas no eran capaces de decirse, Joanne y Noah se enamoraron de la manera más simple de todas: hablando. De lo que querían, de aquello que podía separarlos y de todas esas diferencias que la química, por sí sola, no podía resolver. Nobody Wants This convirtió conversaciones sobre religión, familia y futuro en parte de una historia de amor que seguía sintiéndose emocionante. Y eso dice mucho de cómo hemos cambiado nosotros. Porque, después de crecer creyendo que el amor necesitaba grandes obstáculos, descubrimos que encontrar a alguien dispuesto a hablar sobre ellos también podía parecernos extraordinario.

This Is Us
Off Campus

This Is Us: el amor que vivió todas las versiones

Jack y Rebecca no necesitaron un final feliz porque tuvimos algo mucho más difícil de encontrar en televisión: la oportunidad de ver qué sucedía después de elegir a alguien. Los vimos enamorarse y formar una familia. Los vimos equivocarse, perderse por momentos y, finalmente, aprender a elegirse siempre, aun cuando las cosas no salían exactamente como lo habían imaginado. This Is Us convirtió los pequeños días en parte de una gran historia de amor. Y ese es su punto más fuerte. Porque amar a alguien durante toda una vida nunca significó permanecer iguales, sino aprender a reconocerse —y enamorarse— una y otra vez de las personas en las que ambos se fueron convirtiendo.

Off Campus: el amor que apostó por seguridad

Hannah y Garrett comenzaron con un trato que ninguno esperaba que terminara significando demasiado. Pero entre clases, una amistad inesperada y una relación que no necesitó de drama, Off Campus encontró el romance en algo que durante mucho tiempo pareció menos emocionante en televisión: sentirnos completamente seguras con alguien. Garrett escucha, Hannah aprende a confiar y ambos encuentran espacio para mostrarse vulnerables. No sorprende, entonces, lo rápido que conectó con un público de distintas generaciones que creció viendo romances mucho más complicados. Después de tantos años aprendiendo a romantizar la incertidumbre, quizá estábamos listas para una historia que encontrara toda su emoción en la confianza absoluta.

Lo más curioso de crecer viendo series románticas es descubrir que ninguna permanece exactamente como la recordábamos. Volvemos a ellas siendo personas distintas y, de pronto, también queremos cosas diferentes para sus protagonistas. Elegimos otro team, dejamos de encontrar romántico aquello que alguna vez nos hizo suspirar y comenzamos a reconocer el amor en lugares que antes podían parecernos demasiado sencillos.

Posiblemente, estas series no nos enseñaron realmente cómo amar. Pero sí estuvieron ahí mientras descubríamos cómo queríamos hacerlo. Y, por eso, seguimos regresando a ellas. Porque, en algún lugar entre todas esas historias épicas, personajes complicados y relaciones indestructibles, también quedaron guardadas las personas que éramos cuando las vimos por primera vez.

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