Smart glasses como parte de una nueva generación de tecnología wearable que plantea preguntas sobre privacidad y consentimiento.

Basta con abrir Instagram para encontrarlos. En videos grabados desde encuadres que, hasta hace unos años, parecían imposibles. Momentos cotidianos capturados sin necesidad de sacar el teléfono e, incluso, POVs que nos hacen sentir como en una película. Sí, hablamos de los smart glasses y de cómo se han convertido en uno de los accesorios más virales del momento.

Lo que alguna vez imaginamos como ciencia ficción hoy está, literalmente, al alcance de nuestras manos. Y quizá esa cercanía es precisamente lo que hace a los lentes inteligentes tan fascinantes: no solo por todo lo que son capaces de hacer, sino porque su creciente popularidad comienza a abrir una conversación: ¿qué sucede cuando una tecnología tan sofisticada se integra, casi sin que lo notemos, a nuestra vida cotidiana?

Author: ANDREA BAU

Smart glasses: el futuro que, hoy, se lleva puesto

Tal vez una de las razones detrás de su popularidad sea precisamente esa: los smart glasses ya no parecen un experimento tecnológico. Ya no pertenecen únicamente a películas futuristas o a trajes de superhéroes. Hoy, la tecnología puede esconderse detrás de un accesorio que ha formado parte de nuestra cotidianidad desde hace siglos: un par de lentes.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante de los smart glasses va mucho más allá de la estética. Si lo pensamos un poco más, hasta ahora, gran parte de nuestra relación con la tecnología ha ocurrido detrás de una pantalla que exige constantemente nuestra atención. Sacamos el teléfono, abrimos una aplicación y dejamos, aunque sea por unos segundos, de mirar lo que sucede frente a nosotros. Los lentes inteligentes proponen una dinámica distinta: integrar la tecnología a la experiencia sin necesariamente interrumpirla.

Capturar lo que vemos mientras lo estamos viviendo, escuchar música o acceder a nuevas herramientas sin tener que tomar otro dispositivo. Una forma de interactuar con la tecnología que se siente tan novedosa como, extrañamente, natural. Pero ¿qué sucede cuando dejamos de pensar en quien las lleva y comenzamos a mirar a quienes están enfrente?

La otra cara de los smart glasses

Es lógico: la experiencia será completamente distinta. Porque, mientras para el usuario puede sentirse completamente natural, para quienes están enfrente la presencia de una cámara ya no resulta tan evidente. Y es ahí donde aparece una conversación mucho más interesante —y, sí, un tanto inquietante.

¿Cómo sabemos cuándo estamos siendo grabados? ¿Cambiará nuestra manera de comportarnos cuando existe la posibilidad de que una cámara esté presente? ¿Y qué nuevos códigos tendremos que construir alrededor de una tecnología capaz de capturar el mundo desde la perspectiva de quien la lleva?

Desde un punto de vista personal, el verdadero reto, entonces, no está únicamente en aprender a utilizar una nueva tecnología. Está en aprender a convivir con ella. Todo el tiempo; incluso cuando no somos nosotros quienes decidimos utilizarla.

Nueva tecnología, nuevas formas de convivir

El debate no está en rechazar una nueva tecnología. Al final —y como hemos analizado previamente en Topics That Transformlos wearables tecnológicos han abierto un sinfín de posibilidades. Nos han permitido conocer mejor nuestro cuerpo, entender nuestros hábitos e, incluso, relacionarnos de nuevas maneras con nuestro entorno.

Más bien, la conversación se dirige a cómo aprendemos a convivir con tecnologías que han evolucionado más rápido de lo que pensábamos. A la necesidad de crear nuevos códigos sociales para una realidad que, hasta hace poco, ni siquiera existía. De replantear las reglas sobre cómo convivimos en una era —aún más— digital y entender que la innovación no debería avanzar por encima del consentimiento, la privacidad y la forma en la que compartimos el espacio con los demás.

Porque, quizá, adaptarnos al futuro no significa aceptar cada cambio sin cuestionarlo, sino aprender a construir, junto con él, nuevas formas de convivir.

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