No es ningún secreto, la belleza suele mirar hacia lo que sigue. El próximo ingrediente, la fórmula más nueva, el lanzamiento que promete cambiarlo todo. Pero entre un sinfín de novedades, hay marcas que permanecen. Aquellas que sobreviven a la velocidad de la industria porque, de alguna manera, han encontrado su propio lugar en la piel, la rutina y la forma en la que entendemos el skincare. Y justamente es ese el territorio que Xamania lleva 16 años construyendo.
Para Vanesa Pistone, cofundadora de la marca mexicana,esa identidad ha sido precisamente lo que le ha permitido seguir creciendo sin perderse en el camino. Entre fórmulas que nacen desde la intuición, ingredientes que llevan años acompañando a la marca y una curiosidad que continúa abriendo espacio para nuevas formas de crear, Xamania ha crecido sin separar eficacia de sensorialidad, ni ciencia de ritual. Dieciséis años después, su posicionamiento en la industria se entiende mejor no por todo lo que ha cambiado, sino por aquello que todavía reconoce como propio.
Una fórmula para permanecer
A la hora de conversar con Pistone, lo primero que deja claro es que una buena fórmula no necesita complicar demasiado su propósito. Una fórmula Xamania tiene que cumplir primero con algo esencial: tiene que funcionar. No basta con responder a una tendencia o justificar un nuevo lanzamiento; tiene que existir una razón para incorporarla a la rutina. Después aparece un concepto que Vanesa define como “una fórmula deliciosa”: esa en la que textura, sensación y aroma son capaces de transportarte a otro lugar.
Quizá por eso, cuando se le pide contar 16 años de Xamania a través de cinco productos, la historia comienza con aquellos que demuestran que permanecer también puede ser una forma de evolucionar. Tres productos distintos unidos por una misma lógica: hacer del cuidado algo que encuentra su lugar precisamente porque sigue siendo útil.
Una fórmula Xamania tiene que cumplir primero con algo esencial: tiene que funcionar.
Permanecer también implica moverse
Dieciséis años son suficientes para que una marca descubra que ser fiel a una identidad no significa hacer siempre lo mismo. A veces, evolucionar consiste precisamente en llevar una misma forma de entender la belleza hacia lugares donde antes no estaba. En Xamania, esa expansión ha sucedido entre nuevas categorías, ingredientes y fórmulas, pero con una pregunta que parece mantenerse intacta: ¿cómo hacer que cada nuevo producto siga sintiéndose propio?
El Tinted Balm y la BB Cream —los dos productos que completan la selección con la que Pistone contaría estos 16 años— son quizá el ejemplo más claro. Ambos llevaron a Xamania hacia el maquillaje, pero lo hicieron desde el lugar que la marca ya conocía: el skincare. El primero parte de una base de manteca de karité; la segunda, de una crema con color y FPS 30. “Para mí representa otra manera de pensar el maquillaje”, explica Vanesa.
Esa evolución también puede leerse desde los ingredientes. Porque, mientras que la manteca de karité, la rosa mosqueta, el aguacate y el argán han acompañado las fórmulas de Xamania durante estos 16 años, hoy los ácidos de frutas, los probióticos, el matcha y el bakuchiol han ampliado su lenguaje.

Entre la ciencia y la intuición
En 16 años, la conversación alrededor de la belleza sí ha cambiado. Hoy hablamos de activos, porcentajes, estudios y resultados con una familiaridad que hace tiempo no existía. Pero para Xamania, responder a esa conversación no ha significado elegir entre lo natural y lo científico. La intuición sigue siendo parte del punto de partida; la evidencia, una manera de acompañarla.
Detrás de las fórmulas existe un laboratorio propio, un equipo técnico y, cuando corresponde, análisis y estudios externos que permiten comprobar su eficacia. Vanesa lo explica casi como una coincidencia entre ambos mundos: “De alguna manera, terminamos certificando nuestra intuición”.
evolucionar consiste precisamente en llevar una misma forma de entender la belleza hacia lugares donde antes no estaba.
El ritual nunca fue un accesorio
Mucho antes de que palabras como ritual e intención encontraran un lugar habitual en el lenguaje de la belleza, Xamania ya entendía el cuidado desde un lugar que iba más allá de la piel. “Para mí no hay Xamania sin lo místico, lo simbólico y lo ritual”, afirma Pistone. No es una estética construida alrededor de los productos ni, como ella misma aclara, “una capa de marketing”: está en el origen y en la manera en la que la marca crea.
Para Vanesa, ritualizar significa “darle intención a lo cotidiano” y reconocer el misterio que ya existe en la vida. Una filosofía imposible de separar de su propio camino: “No puedo separar mi propia evolución espiritual de la evolución de Xamania”. Y quizá ahí está la parte más personal de la marca: sus fórmulas, productos y rituales también hablan del lugar desde el que Vanesa está creando en cada momento.


Lo que sigue también es Xamania
Cuando se trata del futuro de Xamania, la curiosidad parece seguir ocupando el mismo lugar que al principio. Y sus próximos lanzamientos tan solo demuestran que todavía quedan nuevas formas de explorar un universo conocido. Una crema de rosa mosqueta + bakuchiol, un jabón de caléndula para piel sensible, una crema facial con caléndula y un shampoo sólido de romero son los siguientes productos en tomar forma.
Pero el universo también empieza a extenderse más allá de la belleza. Nuevas tiendas y el reto de incursionar en la moda —un territorio que la marca ya había explorado con una línea de kimonos y que ahora podría continuar con vestidos— siguen dibujando a esa mujer que Vanesa imagina “conectada con la naturaleza, con el cosmos, fresca y libre”.
