Hay algo particularmente fascinante en observar a Dolce&Gabbana en 2026. Mientras buena parte de la industria parece empeñada en reinterpretar constantemente sus códigos para responder a nuevas conversaciones sobre identidad, bienestar o autenticidad, la casa italiana continúa haciendo algo mucho más difícil: seguir siendo absolutamente fiel a sí misma.
Author: Claudia Valdez

Dolce & Gabbana parece haber comprendido que también existe elegancia en la permanencia.
Dolce&Gabbana nunca ha parecido demasiado interesada en explicar quién es. Mucho menos en disculparse por ello. Durante décadas ha defendido una estética reconocible al instante: exuberante, sensual, profundamente italiana y, en ocasiones, deliberadamente excesiva. Una mujer que disfruta ser observada; un hombre que entiende el poder de la presencia sentado en una mesa demasiado larga; un vestido demasiado ajustado y un verano que parece no terminar nunca.
Y quizá esa sea precisamente la razón por la que sigue resultando tan seductora.
En una época donde la reinvención suele celebrarse como una virtud, Dolce&Gabbana parece haber comprendido que también existe elegancia en la permanencia. No persigue tendencias. No necesita demostrar que entiende el espíritu del momento. Tampoco intenta convertirse en algo distinto para mantenerse vigente. Ha preferido hacer algo mucho más complejo: perfeccionar un universo propio y esperar pacientemente a que el resto del mundo vuelva a él.


La belleza de la convicción
Hay una frase atribuida a Diana Vreeland que dice que el estilo consiste en ser uno mismo, pero con intención. Dolce&Gabbana parece haber construido una maison entera alrededor de esa idea, nadie acude a Dolce & Gabbana buscando realismo. Acudimos por la misma razón por la que seguimos viendo películas italianas de los años sesenta, reservando mesas frente al mar o comprando vestidos que sabemos que quizá nunca tendremos ocasión de usar. Porque durante unos minutos nos permiten habitar una versión más bella de nosotros mismos.
Your Devotion Eau de Parfum Intense, creada por el maestro perfumista Olivier Cresp, pertenece precisamente a ese imaginario. Conserva el carácter gourmand que convirtió a Devotion en una de las propuestas más reconocibles de la maison, aunque esta vez se siente más luminosa, más envolvente y considerablemente más cercana a la piel. La jugosidad del melón siciliano y la mandarina de Sicilia abre paso a un corazón de flor de azahar y gardenia antes de descansar sobre una base cremosa de leche de vainilla, sándalo y musgo de roble. No intenta demostrar sofisticación a través de contrastes inesperados ni perseguir la próxima gran tendencia olfativa. Hace algo mucho más difícil: disfruta plenamente aquello que ya sabe hacer bien.

Dolce & Gabbana parece haber construido una maison entera alrededor de esa idea, nadie acude a Dolce & Gabbana buscando realismo.
El deseo rara vez responde a la novedad
La campaña dirigida por Gordon Von Steiner y protagonizada nuevamente por Irina Shayk y Michele Morrone tampoco pretende reinventar el universo visual de Dolce&Gabbana. Y afortunadamente no lo hace. Nápoles continúa bañada por una luz dorada imposible, Morrone conserva esa belleza improbable que parece pertenecer exclusivamente al imaginario cinematográfico italiano y Shayk interpreta a la perfección a una mujer que nunca ha sentido la necesidad de disminuir su presencia para resultar atractiva. Caminan. Se miran. Se ríen. Se tocan. No ocurre nada extraordinario.
Y, sin embargo, todo parece extraordinario.
Quizá porque Dolce&Gabbana entendió algo hace mucho tiempo y nunca sintió la necesidad de modificarlo: el deseo rara vez nace de lo nuevo. Suele responder, más bien, a aquello que seguimos queriendo mirar, tocar y oler una y otra vez.
En un momento en el que tantas marcas parecen preguntarse constantemente quiénes deberían ser, Dolce&Gabbana continúa respondiendo una pregunta mucho más sencilla. ¿Y si la verdadera modernidad consistiera precisamente en no intentar ser moderna?
