Hay algo del 10 de mayo que casi nunca se nombra: no es un día para todas. Mientras el mundo celebra, hay una parte de nosotras que queda fuera de esa narrativa. Las que ya no la tenemos aquí. Las que aprendimos a vivir con su ausencia en una ciudad que no se detiene por eso. Esta pieza es para nosotras. Porque aunque el mundo no piense en nosotras ese día, nosotras no dejamos de pensar en ellas.

El 10 de mayo no cambia el dolor, cambia la forma en la que se vuelve visible. Es un día que expone lo que el resto del año aprendemos a sostener en silencio. No porque pase algo distinto, sino porque todo alrededor insiste en una emoción que ya no nos pertenece.

Author: Claudia Valdez

Para las que ya no la tenemos, esto no empieza hoy

Yo pienso en ella todos los días, no es una forma de decirlo: es literal. Está en lo cotidiano, en los gestos que sobreviven, en esa manera de buscarla sin darme cuenta. En mi caso, en su voz. En los audios que vuelvo a escuchar no como recuerdo, sino como una forma de seguir acompañada. No es nostalgia, es presencia en otro lugar.

Durante mucho tiempo se pensó el duelo como algo que se supera. Hoy se entiende distinto. No se trata de cerrar, sino de reorganizar. William Worden lo plantea como tareas, no como etapas: aprender a vivir en un mundo donde esa persona ya no está y, aun así, seguir. No hay un final claro, solo nos queda la adaptación.

El vínculo no desaparece, cambia de lugar

Hay una idea que siempre va a incomodar y a doler y luego hace sentido: el vínculo no desaparece, se transforma. Sigues pensándola, siguiéndola en lo que haces, reconociéndola en lo que eres. No dejas de tener mamá, pero deja de existir en el mismo lugar y esa tensión no se resuelve, se aprende a sostener.

Hay días en los que una es más fuerte y otros, como este,  en los que se vuelve evidente. No porque duela más, sino porque todo alrededor lo señala.

El mundo sigue, tú te reorganizas

El mundo sigue, ya lo sabemos y también nos rompe pero está bien que siga. Pero en ese movimiento constante hay algo que no encuentra lugar. El duelo no se ve, no se explica y por eso, a veces, se siente más aislado que triste.

También se manifiesta de formas que no siempre se entienden: cansancio, desconexión, dificultad para concentrarte y no es debilidad, es el cuerpo adaptándose a algo que no puede resolver.

No todas tenemos algo que celebrar y  reconocerlo no debería incomodar. Porque este día también existe para quienes lo viven desde la ausencia, desde la memoria, desde una relación que ya no tiene forma física.

Con el tiempo, algo cambia. No porque estés “mejor”, sino porque no tienes otra opción que adaptarte. Sigues con tu vida, haces lo que tienes que hacer, te sostienes… y al mismo tiempo hay algo que no se va. La psicología lo llamaría integración, yo lo entiendo más simple: lo llevas contigo y con eso vives.

Para las que hoy tampoco tienen a quién llamar: no hay una forma correcta de atravesar este día. Hay quienes celebran y  hay quienes lo sostienen.

No es una versión menor, es otra forma de estar y también cuenta.