En los ateliers de alta costura existe un silencio que pocos miran: el de las telas que nunca llegan a desfiles, editoriales o escaparates. Retazos de seda, cashmere y jacquard que sobran por centímetros y que el sistema considera irrelevantes. Para Eva Zingoni, esos fragmentos no son descartes; son materia viva. Son historias suspendidas, esperando su segunda existencia.
Mucho antes de que la industria hablara de circularidad o impacto, Zingoni, diseñadora argentina radicada en París, comenzó a construir una marca desde aquello que la moda desechaba. En plena crisis económica de 2009, cuando el lujo comenzaba a cuestionar su propia velocidad, ella vio en los restos un nuevo lenguaje posible. Una alternativa silenciosa a la lógica del exceso.
Su propuesta combina arquitectura textil, sensibilidad espiritual y un entendimiento profundo del lujo como intención, no como acumulación. En un sector saturado de discursos vacíos sobre sustentabilidad, Zingoni no busca convencer: crea desde la coherencia.
Author: EDUARDO OLIVAR
PARÍS, LA CRISIS Y LO QUE QUEDA ENTRE TELAS
En 2009, la industria se tambaleaba tras el colapso financiero global. Las casas de alta costura buscaban estabilidad mientras los ateliers seguían produciendo materiales preciosos que, en ocasiones, no tenían destino. Seda que no alcanzaba para un vestido, cashmere que sobraba por unos centímetros, cortes irregulares que ya no encajaban en las fichas técnicas.
Ese vacío, ese remanente silencioso, fue el punto de partida de Zingoni. En lugar de ver desperdicio, vio posibilidad. Vio una fisura dentro del sistema donde podía nacer algo nuevo.
Un lujo más honesto, más humano, más consciente.

DE ARGENTINA A PARÍS: UNA SENSIBILIDAD QUE SE FORJA EN MOVIMIENTO
La historia de Zingoni está marcada por el desplazamiento: dejó Argentina siendo muy joven, creció entre Madrid, Turín y París, y construyó su identidad creativa a través de disciplinas que van del cine a la preservación del patrimonio, pasando por la moda.
Antes de fundar su marca, trabajó en Ralph Lauren, en agencias de tendencias y más tarde en Balenciaga bajo la dirección de Nicolas Ghesquière. Esa etapa, intensa, formativa, exigent, le enseñó el rigor, la precisión y, también, el costo emocional de la industria.
Convivió con lo grandioso del lujo, pero también con su desgaste. Y fue ahí, en esa combinación de belleza y agotamiento, donde su mirada ética cobró forma.
LA ESPIRITUALIDAD COMO MÉTODO, NO COMO DECORACIÓN
Zingoni integra símbolos, mantras e imágenes personales en sus piezas, pero no como adornos. En su universo, la espiritualidad no es estética: es brújula. Es intención. Es presencia.
Cada bolso es un recordatorio, un mensaje, una invitación a mirar más despacio. Para ella, la moda ética comienza dentro: en los valores, en la conciencia, en la responsabilidad emocional, social y material.
ENTREVISTA EXCLUSIVA:

Tu trabajo cruza diseño, ecología y espiritualidad. ¿Cómo dialogan estas dimensiones en la identidad de tu marca?
E.Z: Para mí no son zonas separadas. La espiritualidad me da intención, la ecología me da responsabilidad y el diseño me da forma. Mis piezas habitan ese equilibrio: estructura brutalista, sensibilidad del Bauhaus y una suavidad femenina que sostiene todo.
Migrar tan joven marcó tu sensibilidad. ¿Qué de ese tránsito sigue vivo en tu proceso creativo?
E.Z: La capacidad de adaptarme y de observar. Crecer entre continentes me enseñó a mirar lo cotidiano con curiosidad. Esa visión híbrida aparece en mis piezas, en cómo combino influencias, símbolos y materiales.
¿Qué valores heredados de tu familia reconoces en tu forma de crear?
E.Z: La sensibilidad, la curiosidad y la convicción de trabajar por lo que deseo. En mi casa se valoraba la ética y el esfuerzo. Todo eso aparece en cada proyecto que emprendo.
Balenciaga me formó profundamente, pero también me llevó a replantear cómo quería vivir mi creatividad.
EVA ZINGONI
Tu experiencia en Balenciaga fue clave. ¿Qué aprendizajes, creativos y humanos, te dejó esa etapa?
E.Z: Fue una escuela excepcional. Cinco años de trabajo intenso me enseñaron técnica, ritmo y precisión. También entendí lo que es el burnout sin saber que tenía ese nombre. Balenciaga me formó profundamente, pero también me llevó a replantear cómo quería vivir mi creatividad.
Tu conciencia ecológica empezó antes de que la industria hablara de circularidad. ¿Qué viste que otros no veían?
E.Z: Veía cómo se tiraban telas hermosas. No tenía sentido. Había un divorcio entre el valor del material y su destino final. Cuando dejé Balenciaga, me di cuenta de que podía transformar ese “sobrante” en piezas llenas de intención. Ahí comenzó todo.

En 2009 fuiste pionera en París trabajando con remanentes. ¿Cómo se recibió esa propuesta?
E.Z: Era un momento complicado. La crisis económica dominaba la conversación y nadie hablaba de sustentabilidad. Sin embargo, los primeros seis bolsos que lancé captaron la atención de los medios franceses. Comprendieron que esto no era una tendencia: era una urgencia.
Hoy la palabra “sustentable” se usa demasiado. ¿Qué significa realmente crear moda ética en 2025?
E.Z: Es un sistema completo. Implica diseño, materiales, trazabilidad, impacto y relaciones humanas. No es solo reciclar: es crear desde la responsabilidad. Para mí, la espiritualidad también es parte: te conecta con tus valores y con la naturaleza.
Para mí, la espiritualidad también es parte: te conecta con tus valores y con la naturaleza.
EVA ZINGONI

Tus piezas incorporan mantras y símbolos personales. ¿Qué papel juega la espiritualidad en tu proceso creativo?
E.V: Es una brújula. No quiero que mis piezas solo se vean bien; quiero que acompañen. Los símbolos funcionan como recordatorios emocionales, no como ornamento.
En un mercado saturado, ¿qué hace auténtica a una marca contemporánea?
E.V: La coherencia. Saber quién eres y comunicar desde ese lugar. Cuando una marca es verdadera, se siente. No necesita espectáculo.
Has dicho que el éxito es íntimo. ¿Qué significa el éxito para ti hoy?
E.V: Es unir tus talentos con tus valores. Es poder decir “esto soy yo” sin miedo. El éxito real viene de adentro, no del exterior.

CIERRE
El trabajo de Eva Zingoni revela algo esencial: que la innovación en el lujo contemporáneo no surge de producir más, sino de mirar mejor. Su obra demuestra que la belleza puede ser ética, que el diseño puede ser espiritual sin volverse superficial, y que lo que sobra, cuando se mira con intención, puede convertirse en un manifiesto.
Zingoni no responde a una tendencia. Responde a una visión. A la idea de que la moda puede sanar, reparar y reencaminar. A un lujo que, finalmente, respira.
