En un mundo donde la imagen se construye desde lo visible —la ropa, el maquillaje, la estética o el estilo— el aroma, a veces, queda fuera del encuadre. Y, sin embargo, es una de las pocas cosas que realmente permanece. Porque el perfume no se ve, pero define presencia y, aunque parezca difícil de creer, también construye identidad.
Entonces, saber a qué huele alguien no es solo replicar un gesto; es intentar entender cómo habita su propia identidad. En ese espacio, entre lo público y lo íntimo, las fragancias de las celebridades dejan de ser un dato y se convierten en una forma de lectura. No es sobre qué perfume eligen, sino qué dicen de ellas sin necesidad de explicarlo.
Author: aNDREA BAU
El aroma que se queda en la piel
Cuando pensamos en cómo se construye la imagen de una celebridad, casi todo habla de cómo se ve: qué usa, cómo lo lleva, qué proyecta. El perfume, en cambio, llega como un gesto que no se ve, pero se percibe. No busca imponerse ni dejar un rastro evidente. Funciona de otra manera: más sutil, más silenciosa, casi como una extensión de la piel.
En figuras como Hailey Bieber, se vuelve aún más evidente. Su elección, Fleur Narcotique de Ex Nihilo, marca una afinidad por lo limpio, lo preciso y lo cercano. Muy en línea con una estética que se construye desde el minimalismo: siluetas depuradas, paletas neutras y una forma de vestir que nunca busca imponerse. Una lógica que también atraviesa su universo de belleza, Rhode, donde todo parece reducido a lo esencial. En ella, el perfume no destaca: se integra.

El aroma que deja huella
Si en algunos casos el perfume se queda cerca de la piel, en otros ocurre lo contrario. No se limita a ser cercano a la personalidad, la amplifica. Casi como si entrara a la habitación antes que la persona y, sin duda, permanece incluso cuando ya no está.
Rihanna, por ejemplo, convierte esa lógica en identidad. Su afinidad desde hace años por Kilian Love Don’t Be Shy —una fragancia dulce, densa, casi envolvente— no es casualidad. Más bien, funciona como una extensión de una estética segura, sensual y completamente en control, que no busca pasar desapercibida: ocupa el espacio. Es entonces cuando su fragancia predilecta no se integra, permanece. Y en esa permanencia, también se construye cómo alguien es recordado; no desde la imagen, sino desde lo que provoca.

No es sobre qué perfume eligen, sino qué dicen de ellas sin necesidad de explicarlo.
El aroma que sostiene la narrativa
No todas las fragancias buscan imponerse o quedarse en la cercanía. Otras funcionan como una extensión de una historia que ya existe. No se perciben como un gesto aislado, sino como parte de un universo más amplio.
En celebridades como Taylor Swift, esa construcción es realmente clara. Utiliza Santal Blush de Tom Ford, una fragancia cálida pero completamente envolvente, que se alinea con una personalidad que no se define por el impacto inmediato, sino por la consistencia de su iconicidad. Sus acordes de sándalo cremoso y especias suaves acompañan una estética que se transforma por etapas —o “eras”—, pero que no pierde coherencia. En Miss Americana, el perfume no es un acento: es continuidad.

El aroma que dialoga con el ícono
Pero hay aromas que no necesitan presentación. No porque pasen desapercibidos, sino porque son una declaración. No responden a una personalidad, la preceden. Existen como un código propio que se mantiene por años. Y es imposible hablar de ello sin pensar en Chanel No. 5.
Su presencia no depende de quién lo lleve, sino de lo que representa. Y es justo ahí donde figuras como Nicole Kidman y Marion Cotillard conversan en el mismo lenguaje. No desde la elección, sino desde la afinidad. La iconicidad del perfume encuentra eco en una figura que también ha sido construida desde la permanencia, la precisión y una forma de elegancia que no necesita actualizarse para seguir vigente. Aquí, la fragancia no suma a la imagen: encuentra su reflejo.

la fragancia es una de las decisiones más íntimas. Porque, cuando todo lo demás ya está construido, ese aroma no agrega: revela.
El aroma que se queda en lo invisible
Hay una forma de llevar el perfume que no busca ser percibida. No porque no exista, sino porque decide quedarse en un registro distinto. Más cercano a la piel que al aire. Más íntimo que evidente.
En Victoria Beckham, esa decisión se vuelve parte de su estética sobria pero elegante. Ha mostrado fidelidad por Byredo Blanche, una fragancia ligera, limpia y contenida, que se alinea con una forma de habitar la imagen desde la contención, el detalle y una elegancia que no busca hacerse notar. Más que construir presencia desde el impacto, su elección se mueve en un registro íntimo, casi reservado.

Lo que el aroma revela
Cuando se trata de identidad, el aroma deja de ser un accesorio de belleza y se convierte en parte de una estética completa. Una que recae por completo en el criterio y en la forma en la que alguien decide habitar su propia imagen. Quizá por eso la fragancia es una de las decisiones más íntimas. Porque, cuando todo lo demás ya está construido, ese aroma no agrega: revela.
