Dr. David De Rungs, cirujano plástico, estético y reconstructivo

Es un hecho: nunca antes habíamos tenido tantas posibilidades para cambiar nuestra apariencia. Y es que, hoy, podemos modificar proporciones, reposicionar tejidos, recuperar volumen e intervenir prácticamente cualquier rasgo que alguna vez nos haya hecho detenernos frente al espejo. Pero, ¿y si la evolución más interesante de la cirugía plástica no está en todo lo que puede hacer? Quizá está en aprender a decidir qué vale la pena hacer.

Para el Dr. David De Rungs, cirujano plástico, estético y reconstructivo, esa decisión comienza mucho antes del quirófano: preguntando qué quiere cambiar una persona, qué necesita realmente y, sobre todo, qué debería permanecer intacto. En exclusiva para Topics That Transform, hablamos con él sobre naturalidad, filtros, envejecimiento y por qué la cirugía contemporánea podría tener menos que ver con transformarnos y mucho más con seguir reconociéndonos.

Dr. David De Rungs, cirujano especializado en rejuvenecimiento y cirugía facial
Dr. David De Rungs, cirujano plástico, estético y reconstructivo / Cortesía: David De Rungs

Lo que nadie debe notar 

Hay algo casi contradictorio en la manera en la que pensamos la cirugía plástica. Mientras las posibilidades para transformar nuestra apariencia aumentan cada vez más, el resultado que muchos pacientes buscan parece ir en la dirección opuesta. Quieren que el cambio se note. ¿La intervención? No tanto. 

“Para mí, un buen resultado no es que alguien vea que te operaste; es que vea que te ves mejor”, explica el Dr. David De Rungs. Con los años, incluso, su propia definición de una cirugía exitosa también ha cambiado. “La cirugía facial no debe borrar la identidad de una persona, sino recuperar la versión de ella misma que el paso del tiempo ha ido modificando.”

Y es justo ahí donde su manera de entender la cirugía se vuelve más interesante. Porque preservar la identidad no significa mantener cada rasgo exactamente como estaba. Es entender cuáles son las proporciones, expresiones y características que hacen que un rostro siga sintiéndose propio después de una intervención. “Hoy busco menos ‘transformar’ y más reposicionar, armonizar y preservar”, asegura. “La cirugía debe ser prácticamente invisible para quien observa, pero profundamente significativa para quien la vive.”

Parecerse a uno mismo

Hablar de un resultado natural puede parecer sencillo. Pero, desde una perspectiva médica, la naturalidad no depende únicamente de cuánto se modifica un rostro, sino de entender cómo está construido. “La naturalidad no depende únicamente de cuánto se estira una piel. Depende de respetar la anatomía”, explica De Rungs. “Un rostro natural conserva movimiento, expresión, volumen y proporción.”

Pero entender la anatomía es solo una parte de la conversación. También ha cambiado aquello que hoy consideramos deseable. Si hace algunos años existía una búsqueda más marcada por alcanzar determinados estándares de belleza, ahora muchos pacientes llegan con una petición distinta: “Quiero verme mejor, pero quiero seguir pareciendo yo”. “Creo que estamos pasando de una estética basada en la perfección a una basada en la armonía y la individualidad. Para mí, la cirugía moderna consiste precisamente en entender esa diferencia.”

El rostro detrás del filtro

Aunque, seamos honestos, construir una referencia propia se vuelve más difícil cuando estamos rodeados de versiones modificadas de nosotros mismos. Fotografías, cámaras, ángulos, iluminación y filtros han cambiado no solo la manera en la que mostramos nuestro rostro, sino también la manera en la que aprendemos a mirarlo.

Y eso también llega al consultorio. Hoy podemos observar nuestro rostro cientos de veces al día, muchas de ellas a través de una pantalla que no necesariamente representa cómo nos ven los demás. “Una parte importante de mi responsabilidad es ayudar al paciente a distinguir entre una verdadera necesidad estética y una percepción distorsionada por la exposición constante a su propia imagen.”

Cuando el estándar llega al consultorio

Pero los filtros no son la única referencia que termina influyendo a la hora de consultar. Las tendencias de belleza actuales también pueden terminar definiendo aquello que creemos que necesitamos cambiar. Cuando eso pasa, De Rungs intenta entender de dónde viene ese deseo de la manera más sencilla: hablando. “Escucho mucho antes de hablar de cirugía. Le pregunto qué le molesta, desde cuándo lo percibe, qué espera conseguir y, sobre todo, por qué quiere hacerlo ahora.”

En pocas palabras, una tendencia sí puede ser una referencia, pero nunca debería convertirse en un diagnóstico. “Mi trabajo no es cumplir una moda; es determinar qué puede mejorar realmente a esa persona y qué probablemente perderá vigencia con el tiempo.” Y eso significa que, algunas veces, la respuesta puede ser no o todavía no.

Porque quizá una de las decisiones más difíciles —frente a todas las posibilidades que ofrece hoy la cirugía estética— no sea elegir qué cambiar, sino reconocer cuándo no hacerlo. “Un buen cirujano debe saber operar, pero también debe saber cuándo no operar”, asegura.

Envejecer sin borrar el tiempo

Cumplir años es inevitable. Parecer que no los hemos cumplido, durante mucho tiempo, fue casi la promesa detrás del rejuvenecimiento. Pero algo empieza a cambiar cuando hablamos cada vez menos de “quitar años” y más de envejecer bien. Llegar a cierta edad y seguir viéndonos descansados, saludables y armónicos, sin pretender que nuestro rostro pertenezca a otra etapa de nuestra vida.

Es precisamente esa manera de entender el envejecimiento la que está detrás de técnicas como el Deep Plane Facelift. A diferencia de un tratamiento centrado únicamente en tensar la piel, esta técnica “trabaja sobre planos más profundos del rostro, liberando y reposicionando los tejidos que han descendido con el paso del tiempo”. La piel, entonces, acompaña ese movimiento en lugar de ser el punto de partida del lifting.

Es entonces cuando aparece otra pregunta: si no estamos intentando borrar una edad, ¿en qué momento tiene sentido intervenir? La respuesta tampoco está necesariamente en el número que marca el calendario. “No opero una edad; opero una anatomía.” Calidad de la piel, descenso de los tejidos, posición de los pómulos, región mandibular, cuello y distribución de la grasa forman parte de lo que observa antes de tomar una decisión. “La pregunta correcta no es ‘¿qué edad tienes?’, sino ‘¿qué ha ocurrido con tu rostro?’”

Retrato del Dr. David De Rungs, especialista en cirugía estética y facial
Dr. David De Rungs, cirujano plástico, estético y reconstructivo / Cortesía: David De Rungs

Antes del quirófano 

Frente al espejo, tendemos a mirar por partes. Una papada, una línea mandibular que cambió o un rostro que sentimos diferente al que recordamos. La mirada médica, en cambio, intenta entender qué hay detrás de aquello que estamos viendo y descubrir qué es realmente lo adecuado para cada paciente. Qué le molesta, qué quiere conservar, qué espera cambiar y, sobre todo, por qué está considerando una cirugía estética.

Quizá por eso, una transformación no comienza cuando decidimos qué procedimiento hacer, sino mucho antes. Comienza con esa primera conversación en la que aquello que queremos cambiar se encuentra con aquello que realmente necesitamos. “La cirugía empieza mucho antes del quirófano. Empieza en esa conversación.”

Epílogo 

Después de más de 15 años acompañando a personas que deciden transformar algún aspecto de su apariencia, De Rungs ha aprendido algo sobre lo que realmente buscamos cuando decidimos cambiar. “Las personas no quieren convertirse en alguien más. Quieren volver a reconocerse.” Y es ahí donde encontramos la transformación más interesante de todas.

No está en descubrir cuánto más podemos cambiar nuestra apariencia, sino en aprender cuánto necesitamos cambiar para seguir sintiéndonos nosotros mismos.

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