No es ningún secreto: moverse ha cambiado de significado. Hoy, las mujeres ya no solo buscamos prendas que funcionen al entrenar, sino piezas que respondan a otras necesidades igual de importantes: cómo se siente una tela sobre el cuerpo, qué tanto acompaña el movimiento, cuánto favorece sin incomodar y de qué manera resiste el ritmo de un día completo. Sí, la ropa deportiva ya no es solo un uniforme; ahora es un aliado cotidiano.
Y en ese cambio, vale la pena poner atención a las firmas que, hoy, dominan nuestro armario. Sorprendentemente, son marcas que no nacieron del rendimiento tradicional, sino de la lencería, el shapewear y los básicos del diario. Firmas que entendían el soporte, la comodidad y la intimidad mucho antes de hablar de performance.
Author: aNDREA BAU
El bra como punto de partida
Antes de entrar de lleno al activewear, algunas marcas ya entendían una conversación esencial: cómo vestir una de las zonas más complejas del cuerpo femenino, el busto. El bra nunca fue solo una prenda íntima; también implicaba soporte, estructura, ajuste, movilidad y, sobre todo, confianza. En muchos sentidos, ahí comenzó una parte importante de lo que hoy buscamos en la ropa para entrenar.
Aerie ya operaba bajo esa lógica. Su propuesta —construida desde comodidad, flexibilidad y una visión enfocada en entender distintos cuerpos— ayudó a mover el foco de la estética rígida hacia el bienestar cotidiano. Sus bras deportivos, pensados para distintos niveles de soporte y tipos de disciplina, entendieron pronto que no todas nos movemos igual. Cuando el deporte comenzó a buscar nuevas formas de vestirse, pensadas para acompañar el día completo, la marca ya hablaba ese idioma.
Victoria’s Secret, en cambio, convirtió décadas de experiencia alrededor del bra en una expansión natural hacia el deporte. Lo interesante de VSX (su submarca enfocada al deporte) es que no solo lanzó prendas activas. Trasladó todo su conocimiento sobre soporte, estructura y ajuste a categorías donde esa tecnología era imprescindible. En pocas palabras, ambas marcas entendieron una necesidad que hoy parece evidente: sostener sin incomodar.


No se trata de restarle valor a las marcas deportivas tradicionales, que siguen siendo referencia cuando hablamos de innovación y desempeño.
La evolución del shapewear
Durante años, el shapewear fue leído únicamente desde la silueta. Eran piezas pensadas para sentirse como una segunda piel que, honestamente, no siempre eran cómodas. La idea de una faja quedó asociada a la rigidez, la incomodidad y a una relación correctiva con el cuerpo; muy lejos de lo que buscábamos para movernos. Hasta que Kim Kardashian cambió parte de esa narrativa.
SKIMS vio todo desde otro ángulo, pues su propuesta transformó el shapewear en prendas donde ajuste, compresión y comodidad podían convivir sin conflicto. Su expansión al activewear fue igual de estratégica. Y es que la marca no partía desde cero. SKIMS ya dominaba el lenguaje de las siluetas reales, el soporte flexible y la compresión inteligente; cualidades que llevaron sus prendas para entrenar a una nueva categoría: piezas que sostienen durante el ejercicio sin sentirse pesadas ni restrictivas.

Cuando el loungewear entró al gimnasio
Si el shapewear llegó al activewear desde la compresión inteligente, el loungewear lo hizo desde una idea más simple: sentirse cómodas todo el día. Telas suaves, siluetas relajadas y prendas capaces de acompañar tanto un hike en la montaña como una clase de pilates.
Oysho entró en esa categoría con naturalidad; casi como si llevara años preparándose para ello. La razón es simple: su universo ya estaba construido alrededor de esa comodidad. Pijamas, básicos y underwear del diario —que durante años dominaron su catálogo— se convirtieron en leggings de compresión suave, tops ligeros e, incluso, accesorios imprescindibles para una sesión de entrenamiento (mats, blocks y bandas elásticas). Al final, su categoría sport terminó por encabezar su propuesta comercial y, hoy, solo confirma que comodidad y movimiento ya no viven separados.

El bra nunca fue solo una prenda íntima; también implicaba soporte, estructura, ajuste, movilidad y, sobre todo, confianza.
El wellness como tendencia
Sí, algunas marcas llegaron al activewear desde categorías íntimas. Pero, otras, lo hicieron desde un ángulo más poderoso: entender hacia dónde se mueve la conversación. Y, hoy, pocas tendencias pesan tanto como el ejercicio convertido en estilo de vida. Levantarse a correr a las 7 a.m., matcha latte en mano, una clase de pilates para relajar el músculo y, por supuesto, un set súper lindo y coordinado. El bienestar se convirtió en imagen, hábito y aspiración; y H&M lo entendió mejor que nadie.
Con el lanzamiento de H&M Move, la firma entró a una categoría donde funcionalidad, estética y precio accesible conviven con equilibrio. Su propuesta tomó forma en leggings de alto soporte, tops cómodos, capas ligeras y sets pensados para acompañar desde una clase matutina hasta el resto del día. El gigante sueco entendió que el wellness ya no solo pedía ropa deportiva, sino prendas ideales tanto para moverse como para esa última foto para tu story, muy “pilates girl aesthetic”.

Epílogo
La ropa de ejercicio está atravesando uno de esos momentos en los que una categoría se vuelve más amplia que su origen. Lo que comenzó ligado al rendimiento y la exigencia física, ahora también habla de comodidad, estética, intimidad y una forma más flexible de entender el wellness.
No se trata de restarle valor a las marcas deportivas tradicionales, que siguen siendo referencia cuando hablamos de innovación y desempeño. Simplemente confirma algo más interesante: la ropa para entrenar ya no responde a una sola fórmula. Quizá por eso Aerie, Victoria’s Secret, SKIMS, Oysho y H&M están redefiniendo el activewear: porque entendieron que hoy el movimiento empieza mucho antes del ejercicio.
