Hoy, una mujer de 25 años probablemente tiene su primer acercamiento a la sexualidad entre Google, una escena de Sex and the City, TikTok, un chat con amigas o un algoritmo que, sin pedir permiso, empezó a enseñarle cómo debía verse un cuerpo. Cómo debía moverse; qué significaba ser atractiva.
Una mujer de 50 quizá creció en un mundo completamente distinto. Uno donde la masturbación femenina ni siquiera era una conversación incómoda; simplemente no existía. Donde placer y mujer rara vez aparecían dentro de la misma frase. Donde muchas aprendieron más sobre vergüenza que sobre deseo; más sobre cómo cuidar a otros que sobre conocerse a sí mismas.
Y entre ambas generaciones hay algo curioso. A simple vista parecen haber vivido historias opuestas; pero quizá comparten una misma pregunta: ¿quién nos enseñó a conocer nuestro cuerpo?
Author: Claudia Valdez

Una conversación sobre masturbación femenina, placer y la relación entre cuerpo, mente y autoestima.
Del secreto al autocuidado
Durante años aprendimos muchísimas cosas sobre nosotras. Aprendimos a posar, a corregir, a ocultar, a depilarnos, a vernos. A qué parte era “bonita”, cuál debía mejorar; cuál debía esconderse un poco más.
Aprendimos reflejo pero no necesariamente presencia, y quizá por eso el cambio alrededor del placer femenino se siente tan interesante hoy. Porque no solo cambió la conversación; cambió el lugar donde ocurre.
Durante años perteneció a espacios silenciosos, cajones cerrados y conversaciones que rara vez salían de la intimidad. Hoy aparece en TikTok, en recomendaciones de bienestar, en conversaciones de pareja, en mujeres divorciadas redescubriendo su cuerpo, en quienes viven solas; en quienes llevan veinte años casadas y en quienes atraviesan menopausia y vuelven a preguntarse algo que parece simple, pero no lo es.

¿Cómo se siente volver a habitar mi cuerpo?
Pero también cambió algo más. La cultura comenzó a hablar distinto. Si para algunas generaciones la masturbación femenina fue un silencio absoluto; otras crecieron viendo a Sex and the City abrir conversaciones sobre vibradores y placer femenino; otras llegaron a la conversación a través de Girls, Sex Education o Euphoria; series donde deseo, ansiedad, identidad y sexualidad comenzaron a mostrarse desde lugares mucho más abiertos y menos moralizados.
Por primera vez; los personajes dejaron de hablar únicamente sobre romance y comenzaron a hablar sobre cuerpos; terapia; deseo; placer; inseguridades; ansiedad y formas distintas de habitarse. Y quizá parece un detalle pequeño pero durante décadas muchas mujeres aprendieron más sobre el deseo desde silencios que desde conversaciones.
Porque quizá la televisión hizo algo que durante años la educación evitó: normalizar la conversación.
Y aunque todavía existen tabúes; también existe una generación que hoy comparte recomendaciones de juguetes sexuales como antes compartía productos de skincare; que integra placer dentro de conversaciones de bienestar; y que parece mucho más interesada en una pregunta distinta. No únicamente cómo verse, sino también cómo sentirse.

Cuando el placer también se convirtió en bienestar
Mientras culturalmente seguíamos tratando el tema como algo incómodo; la ciencia comenzó a observar algo distinto. Un estudio realizado en 2024 con 370 mujeres encontró que 64% utilizaba la masturbación principalmente para liberar estrés; mientras 55% reportó experimentar felicidad y relajación después.
Lo inesperado vino después; los investigadores concluyeron que para muchas mujeres estaba funcionando como una forma de self-care; no únicamente sexualidad; también regulación emocional y bienestar. Estudios recientes también comenzaron a encontrar asociaciones entre masturbación; mayor conciencia corporal; autoestima y percepción del propio cuerpo.
Y quizá el dato más interesante no es que reduzca el estrés; es preguntarnos por qué una generación de mujeres está utilizando el placer como herramienta de autocuidado emocional.
Porque algo parece estar cambiando: las mujeres aprendimos a monitorear sueño; hormonas; cortisol; salud mental y bienestar, pero quizá nunca nos enseñaron que el cuerpo también habla a través del placer.
Cuanto más conectadas estaban con su cuerpo; más satisfacción experimentaban.
Lo que nunca nos enseñaron
Y quizá aquí la conversación cambia por completo, porque muchas crecimos aprendiendo cómo ser deseadas; pero no necesariamente qué nos daba placer. Aprendimos qué versión de nosotras resultaba atractiva; qué cuerpo era aceptado; qué pose funcionaba; qué parte mostrar y cuál esconder. Aprendimos muchísimo sobre cómo ser vistas y muy poco sobre cómo sentirnos.
Un estudio reciente sobre orgasmo femenino encontró algo fascinante: mujeres con mayor interocepción, la capacidad de percibir señales internas como respiración; latidos y sensaciones corporales, reportaban orgasmos más frecuentes y satisfactorios.
Traducido fuera del lenguaje científico; significa algo bastante simple: cuanto más conectadas estaban con su cuerpo; más satisfacción experimentaban.
Y aunque todavía existen tabúes; también existe otra conversación ocurriendo al mismo tiempo. La de mujeres que crecieron en generaciones donde la masturbación femenina ni siquiera tenía nombre; mujeres que pasaron años priorizando hijos; trabajo; pareja y responsabilidades.
Mujeres que quizá hoy tienen 50, 55 o 60 años y están entrando a una etapa inesperada: una donde por primera vez vuelven a preguntarse qué les gusta; qué desean; qué se siente volver a habitar su cuerpo desde un lugar distinto.
Porque quizá el redescubrimiento también es una forma de intimidad. Y quizá una de las conversaciones más bonitas que están ocurriendo hoy no es únicamente la de mujeres jóvenes hablando de placer con más libertad; también es la de mujeres entendiendo que nunca es demasiado tarde para volver a encontrarse consigo mismas.
Porque quizá la masturbación femenina nunca habló únicamente de sexo; también habló sobre permiso y sobre algo todavía más poderoso:
La posibilidad de regresar a una parte de ti que durante años pensaste que ya no te pertenecía. – Claudia Valdez
