Este febrero, la Semana del Arte en México vuelve a tomar la CDMX, activando museos, ferias y recorridos que transforman el ritmo de la capital. ZⓈONAMACO, uno de los eventos centrales de esta conversación, amplía su propuesta más allá del arte contemporáneo y la puesta en escena que lo acompaña.
Con una selección de restaurantes pop-up pensados para acompañar el recorrido, la gastronomía se convierte en una extensión sensorial del arte, donde comer, beber y compartir funcionan como el punto de encuentro entre obra y obra.
Author: aNDREA BAU


El valor de no apurarse
Hay propuestas que invitan a quedarse. A bajar el ritmo, sentarse y observar. Dentro del recorrido gastronómico de ZⓈONAMACO, estos restaurantes funcionan como espacios de pausa consciente. La experiencia va más allá del plato y se conecta con la atmósfera del arte y una idea de hospitalidad que atraviesa toda la feria.
Espacios como Kakurega Omakase y Hotel Terrestre, ambos parte de Grupo Habita, entienden la comida desde otro ritmo. Uno que pide tiempo. Que invita a sentarse, mirar y dejar que la experiencia suceda. Ya sea frente a la barra o alrededor del fuego, comer aquí se vive con calma, con atención y con una relación directa con el producto y su origen. En contraste, Taverna se mueve desde otra energía: una cocina griega pensada para compartir, donde el producto fresco y la temporalidad marcan el pulso de la mesa.
Desde una mirada más urbana y aterrizada a la atmósfera de la feria, Baldío e Ikigai amplían esta conversación desde la ciudad. Baldío construye su propuesta a partir de la temporalidad del campo mexicano y una visión consciente sobre el origen de los ingredientes. Ikigai ofrece una lectura contemporánea de la cocina japonesa, donde la técnica, el diseño y el disfrute conviven con naturalidad.
Finalmente, con una propuesta que reinterpreta la cocina yucateca desde una mirada mediterránea, aparece Hotel Sevilla. A cargo de Grupo Habita. Aquí el foco está en el producto bien ejecutado y los sabores equilibrados, demostrando que comer no es un simple trámite entre obras, sino una forma más de habitar la feria con tiempo, atención y sentido.

una propuesta que reinterpreta la cocina yucateca desde una mirada mediterránea, aparece Hotel Sevilla. A cargo de Grupo Habita
Mientras todo avanza
No todo en ZⓈONAMACO pide pausa. También hay momentos en los que el recorrido se vive con más ritmo, más ruido y más espontaneidad; ideales para quienes disfrutan de algo sencillo sin salir del pulso de la feria.
En ese contexto, aparecen nombres como Shake Shack y Cancino, pensados para una pausa rápida, funcional y compartible. Aquí, el foco está en sabores que reconfortan y recetas que se reconocen al primer bocado, incluso en movimiento.
Desde luego, el taco mexicano también encuentra su lugar con El Califa, un pop-up que lleva la maestría de la taquería urbana al contexto de la feria, reafirmando que lo cotidiano también puede formar parte de la experiencia cultural. Comer no busca protagonismo: acompaña. Son paradas que sostienen el ritmo de la feria y permiten que la experiencia continúe sin interrupciones.


En ZsONAMACO, el postre no es destino final, sino un aliado: pequeñas pausas que permiten mantener la experiencia en movimiento
Una pausa dulce
Lo dulce aparece como un gesto de alivio necesario. Y es que, en medio de tanta estimulación visual y conversación constante, un postre puede ser ese pequeño capricho que acompaña el pulso de la feria sin interrumpirlo. Propuestas como Nevería Roxy, con sus nieves y helados artesanales que conectan con la memoria. 180 Grados, que suma panadería y opciones pensadas para llevar. Y La Crêpe Parisienne, que introduce el gesto clásico de la crepa como una pausa breve, dulce y compartible.
En ZⓈONAMACO, el postre no es destino final, sino un aliado. Pequeñas pausas que permiten mantener la experiencia en movimiento, con un cierre (o intermedio) realmente disfrutable.


